Según ha detallado el mandatario desde la Casa Blanca, ambas potencias han mantenido conversaciones muy sólidas durante las últimas jornadas que han cristalizado en la existencia de puntos de acuerdo importantes. Este giro diplomático se produce tras una semana de amenazas constantes y una retórica agresiva que hacía presagiar un desenlace militar directo.
La noticia supone un cambio de rumbo radical en la estrategia de la administración estadounidense. Apenas unos días antes, el propio Trump había proclamado una victoria definitiva sobre el régimen iraní y llegó a considerar innecesaria cualquier tipo de negociación. El escepticismo sobre este acercamiento era generalizado entre los analistas internacionales, especialmente después de que Washington sugiriera que no quedaban interlocutores válidos dentro de la República Islámica tras las recientes ejecuciones y purgas internas que han afectado a las altas esferas del poder en Teherán.
Desde el Ministerio de Exteriores de Irán se ha calificado la declaración de inesperada y se ha negado que exista un pacto cerrado, aunque fuentes diplomáticas de la región confirman que se han abierto canales de comunicación indirectos en las últimas cuarenta y ocho horas. El régimen de los ayatolás insiste en que cualquier acuerdo real pasa por el levantamiento inmediato de las sanciones económicas y el cese de las amenazas sobre su soberanía territorial.
A pesar del optimismo mostrado por Trump, la falta de detalles sobre el contenido del acuerdo y la desconfianza mutua mantienen la situación en un equilibrio precario. Las próximas horas serán determinantes para confirmar si el anuncio responde a un avance real en la mesa de negociación o si se trata de un movimiento táctico dentro de la guerra de propaganda que mantienen ambos países.







