El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado a través de sus canales oficiales la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Según el comunicado emitido desde su residencia de Mar-a-Lago, la detención se ha producido en el marco de una operación militar a gran escala ejecutada durante la madrugada en Venezuela, tras la cual ambos habrían sido trasladados fuera de territorio venezolano bajo custodia estadounidense.
El anuncio se produce apenas horas después de que Caracas registrara una serie de fuertes explosiones y el sobrevuelo de aeronaves de combate en puntos estratégicos como el complejo militar de Fuerte Tiuna y la base aérea de La Carlota. Trump ha calificado la misión como un éxito absoluto de las fuerzas de seguridad de Estados Unidos, enmarcada en la ofensiva contra el narcoterrorismo que su Administración ha intensificado desde finales del pasado año.
La captura de Maduro supone el punto culminante de una escalada que comenzó en 2025 con el despliegue de una importante fuerza naval en el Caribe y el aumento de la recompensa por el líder venezolano a 50 millones de dólares. A pesar de los recientes intentos de Maduro por abrir una vía de diálogo y ofrecer acuerdos petroleros a empresas estadounidenses, la Casa Blanca parece haber optado por la vía de la intervención directa.
Fuentes de la administración Trump señalan que el objetivo de la operación era poner fin a lo que consideran un narcoestado y llevar a Maduro ante la justicia federal de Estados Unidos, donde enfrenta cargos por tráfico de drogas y lavado de dinero desde hace años. La Casa Blanca ha convocado una rueda de prensa extraordinaria para esta mañana en la que se esperan ofrecer detalles sobre el estado de los detenidos y el lugar exacto donde se encuentran retenidos.
Mientras en Washington se celebra el resultado de la operación, en Venezuela el clima es de incertidumbre total. El Gobierno de Caracas, que horas antes había denunciado una agresión militar y declarado el estado de conmoción, se enfrenta ahora a un posible vacío de poder. Las fuerzas de seguridad venezolanas mantienen una presencia masiva en las calles de la capital, mientras los líderes del chavismo intentan reorganizar la cadena de mando en medio de informes de cortes en las comunicaciones y una parálisis institucional generalizada.
La comunidad internacional ha reaccionado con cautela y división ante la noticia. Algunos sectores de la oposición venezolana han celebrado el fin de la era Maduro, pero diversos gobiernos de la región han expresado su preocupación por las implicaciones de una intervención militar directa y el riesgo de un estallido social o una guerra civil en el país sudamericano.







