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jueves, 15 enero,2026

Curiosidades canarias: el olvidado origen del nombre de La Esperanza

En Tenerife abundan los nombres de lugares que parecen poéticos o abstractos, pero que en realidad nacieron de un instante muy concreto. Un momento de miedo, de alivio o de fe.

La Esperanza es uno de esos casos en los que un topónimo conserva la huella de una escena decisiva, hoy casi olvidada.

Situada a cerca de 900 metros de altitud, entre pinares y monteverde, La Esperanza es hoy la capital administrativa de El Rosario.

Sin embargo, su nombre no tiene un origen administrativo ni geográfico, sino profundamente humano: el de un ejército derrotado que buscaba, literalmente, una salida para sobrevivir.

Una retirada tras la derrota

Para entender el nombre hay que retroceder a 1494, en plena conquista de Tenerife. Tras la derrota castellana en la Matanza de Acentejo, el adelantado Alonso Fernández de Lugo emprendió una retirada desesperada con los restos de su ejército. Heridos, exhaustos y perseguidos, avanzaron hacia las medianías orientales de la isla.

La tradición local, recogida por el propio Ayuntamiento de El Rosario y por obras de divulgación histórica, sitúa el momento clave en el alto donde hoy se levanta el casco de La Esperanza.

Desde allí, los supervivientes lograron divisar el real de Añaza, el campamento castellano situado en la costa de la actual Santa Cruz de Tenerife. Aquella visión significaba refugio, reorganización y, sobre todo, seguir con vida.

En una época en la que la interpretación religiosa de los hechos era habitual, el alivio se entendió como una intervención divina. Según el relato tradicional, Fernández de Lugo prometió levantar una ermita dedicada a la Virgen de la Esperanza si lograba llegar sano y salvo al campamento con sus hombres. De esa promesa, y de ese sentimiento compartido, habría surgido el nombre del lugar.

La Gran Enciclopedia Virtual de Canarias coincide en esta explicación: “La Esperanza” aludiría al estado de ánimo de quienes, tras la derrota, creyeron haber encontrado una vía de salvación desde estas alturas.

El paisaje como memoria

La huella de aquel episodio pervive no solo en el nombre, sino también en el entorno. El cercano Bosque del Adelantado —uno de los pocos reductos de laurisilva dentro del núcleo— recuerda el paso de Fernández de Lugo durante aquella retirada.

Décadas después, en 1964, La Esperanza recibiría oficialmente el título de villa, consolidando su papel institucional dentro del municipio.

Hoy, La Esperanza es también una de las puertas naturales al Parque Nacional del Teide a través de la TF-24, la conocida carretera dorsal. Miles de personas la atraviesan cada año sin reparar en que su nombre no describe un paisaje ni una aspiración futura, sino un instante concreto del pasado.

Un lugar bautizado no por lo que es, sino por lo que significó: la esperanza de seguir adelante cuando todo parecía perdido.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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