Durante años, el discurso institucional insistió en una idea de la convergencia. Canarias avanzaba, cerraba brechas y se acercaba a los niveles de renta del conjunto de España y de la Unión Europea.
Sin embargo, el análisis comparado de las Regiones Ultraperiféricas (RUP) entre 2014 y 2024 dibuja una realidad menos optimista. El Archipiélago no solo no ha “convergido», sino que ha perdido terreno relativo en las últimas dos décadas.
A comienzos de siglo, el PIB per cápita canario representaba el 93,8% de la media española. En 2024 esa cifra se sitúa en torno al 78,4%. La brecha no es coyuntural ni atribuible exclusivamente a la pandemia, responde a una tendencia estructural de pérdida de posición relativa.
Si la comparación se amplía al conjunto de la Unión Europea, la distancia es aún mayor. Canarias ronda el 72% del PIB per cápita comunitario, consolidándose como una región estructuralmente rezagada dentro del espacio europeo.
El contraste portugués
El retroceso canario resulta más evidente cuando se observa el comportamiento de otras RUP. Madeira, por ejemplo, ha logrado superar el 108% del PIB per cápita nacional portugués, convirtiéndose en un caso paradigmático de convergencia exitosa. Azores también ha mejorado su posición relativa.
Es decir, no se trata de una condena inevitable asociada a la ultraperiferia. Dentro del mismo marco jurídico europeo, con similares condicionantes de insularidad y lejanía, hay regiones que han logrado avanzar.
La diferencia obliga a plantear preguntas: ¿es el modelo productivo canario capaz de generar suficiente valor añadido? ¿Se ha aprovechado adecuadamente la financiación europea? ¿Existe un problema estructural de productividad?
Crecimiento sin transformación
El PIB canario ha crecido en términos absolutos, alcanzando más de 54.000 millones de euros en 2023. Pero ese crecimiento no se ha traducido en convergencia real y la clave está en la estructura económica.
Más del 85% del valor añadido bruto procede del sector servicios, con un peso determinante del turismo. La industria manufacturera apenas representa en torno al 2,8%. Esta terciarización extrema limita la capacidad de generar salarios altos y productividad sostenida.
En periodos de expansión turística, la economía crece. En crisis internacionales, como ocurrió en 2008 o en 2020, la vulnerabilidad se hace evidente. El resultado es una trayectoria cíclica sin transformación estructural.
Mientras Madeira ha diversificado parcialmente su economía y ha mejorado su posicionamiento competitivo, Canarias mantiene una fuerte dependencia de actividades de bajo valor añadido.
Productividad y renta
El problema de fondo no es solo cuánto se produce, sino cuánto valor se genera por trabajador. La productividad canaria sigue por debajo de la media nacional, lo que impacta directamente en los salarios y en la renta disponible de los hogares.
La convergencia no depende únicamente de transferencias o fondos europeos, sino de la capacidad de crear sectores más intensivos en conocimiento, innovación y tecnología. En ese terreno, la evolución ha sido limitada.
El periodo 2014-2024 era clave para cerrar brechas, ya que la recuperación posterior a la crisis financiera, la llegada de nuevos instrumentos europeos y la inyección extraordinaria tras la pandemia ofrecían una oportunidad histórica.
Sin embargo, los indicadores muestran que la posición relativa de Canarias no ha mejorado y, en algunos casos, incluso ha empeorado.
La pérdida de esta convergencia no significa empobrecimiento absoluto, pero sí estancamiento relativo, y en una economía integrada como la europea, quedarse atrás tiene consecuencias acumulativas en forma de menor inversión, menor atractivo empresarial y menor capacidad de retener talento.
¿Hay margen de corrección?
Sí, pero exige cambios estructurales. La experiencia de otras RUP demuestra que la ultraperiferia no es un destino inmutable. La diversificación productiva, la mejora en ejecución de fondos y el impulso a sectores estratégicos pueden alterar la trayectoria.
La pregunta no es si Canarias puede converger, sino si está adoptando las decisiones necesarias para hacerlo, porque los datos son claros. En la última década, mientras otras regiones ultraperiféricas avanzaban, el Archipiélago se alejaba lentamente de la media.
Una tendencia que, si no se corrige, puede consolidarse como una brecha estructural difícil de revertir.







