Félix Bolaños lleva una temporada complicada con los jueces. Ahora le ha tocado perder otra batalla, esta vez ante el Consejo General del Poder Judicial, que ha rechazado por cinco votos contra dos el recurso que presentó contra el archivo de su queja disciplinaria frente al juez Juan Carlos Peinado. El ministro consideraba que el magistrado había mantenido una actitud intimidatoria durante su declaración como testigo en el caso Begoña Gómez —la esposa de su amo— y pretendía que se investigara disciplinariamente su comportamiento. El Consejo no ha apreciado motivos para ello. Bolaños recurrió el archivo y ha vuelto a recibir una respuesta negativa. Me imagino que debe de resultar bastante incómodo ocupar el Ministerio de Justicia y comprobar que los jueces siguen tomando decisiones sin consultar previamente si le parecen bien al ministro. Es lo que tiene la separación de poderes.
Hay una cuestión que, como abogado, me parece especialmente importante. El Consejo recuerda que la potestad disciplinaria no sirve para revisar las decisiones jurisdiccionales de los jueces. Para eso están los recursos y los procedimientos establecidos en nuestras leyes, hay muchos que no lo saben, incluido compañeros. El Tribunal Supremo ya había archivado la exposición razonada que Peinado elevó contra Bolaños por falta de indicios mínimamente fundados, lo cual tampoco convierte automáticamente en infracción disciplinaria cualquier actuación del magistrado que disguste al ministro. Bolaños tiene exactamente el mismo derecho que cualquier ciudadano a recurrir, a quejarse y a defenderse cuando considere vulnerados sus derechos. Faltaría más. Pero resulta difícil no advertir la contradicción de que sea precisamente el responsable político de Justicia quien mantenga semejante enfrentamiento con determinadas actuaciones judiciales. Supongo que habrá días en los que el ministro desearía que el Consejo General del Poder Judicial funcionara como una reunión del Consejo de Ministros, pero por ahora no es así. Por desgracia, para sus pretensiones, los jueces no son subordinados del ministro. Y convendría que siguiera siendo así, gobierne quien gobierne.
Bolaños puede recurrir cuantas veces quiera. Lo que todavía no ha conseguido es que la mayoría de los jueces se pliegue a las exigencias del sanchismo, por mucho que su ministro de Justicia se empeñe en intentarlo.






