La psicología forense en Canarias se desarrolla en un contexto muy particular: insularidad, comunidades pequeñas, alta exposición mediática de ciertos casos y una profunda interacción entre factores económicos, sociales y culturales.
El psicólogo forense Benito Codina analiza en esta entrevista cómo las características propias del Archipiélago condicionan su labor profesional, los conflictos que llegan a los juzgados y los retos emergentes que afronta la sociedad canaria.
La insularidad y el “todos se conocen”
P. En Canarias, la insularidad y el tamaño de las comunidades hacen que “todo el mundo se conozca”. ¿Cómo influye ese contexto social en su trabajo como psicólogo forense, especialmente en casos mediáticos o de gran repercusión?
R. La cercanía social obliga a extremar la neutralidad. En comunidades donde todos pueden conocerse de vista, como la canaria, el riesgo de interpretaciones erróneas aumenta. Esto me exige blindar los procedimientos, actuar con absoluta distancia técnica y, cuando un caso es mediático, aislar la valoración pericial de cualquier presión ambiental.
P. El Archipiélago tiene tasas preocupantes de violencia de género e intrafamiliar. ¿Qué patrones observa en agresores y víctimas?
R. En los agresores aparece un patrón recurrente de control, celos patológicos y dificultad para gestionar la frustración. En las víctimas detecto miedo persistente, deterioro de la autoestima y una adaptación progresiva al maltrato que dificulta pedir ayuda. No es exclusivo de las Islas, pero aquí se vuelve más visible por la estructura social.
P. ¿Cómo influyen la precariedad económica y el alto coste de la vida en los conflictos familiares y custodias?
R. La inestabilidad laboral tensa la convivencia. Con pocos recursos, aumentan los conflictos y las disputas por el cuidado de los hijos/as. En situaciones extremas, la vulnerabilidad económica se convierte en un factor de riesgo porque disminuye la capacidad adulta de sostener rutinas y estabilidad para los menores.
P. ¿Qué errores cometen los progenitores en los procesos judiciales de custodia?
R. El más dañino es convertir el procedimiento en un juicio contra el otro progenitor. Hablar mal del otro, exagerar o usar a los hijos/as como arma suele perjudicar gravemente. Lo determinante no es “ganar el relato”, sino demostrar capacidad real de cuidar, cooperar y proteger a los menores del conflicto.
El impacto del modelo laboral turístico
P. ¿Afectan los horarios partidos y trabajos de temporada típicos de Canarias a los conflictos familiares y la salud mental?
R. Sí. Es habitual ver parejas que apenas coinciden, niños/as con referentes agotados y un aumento de las tensiones. Este modelo, si no se compensa, genera discusiones recurrentes, falta de corresponsabilidad y cuadros de ansiedad o depresión que terminan en el ámbito judicial.
Presión mediática
P. ¿Influye la presión mediática en su trabajo?
R. No debe influir jamás, pero condiciona el entorno. Las expectativas públicas pueden distorsionar la percepción social del trabajo pericial. Mi obligación es aislarme de ese ruido y ceñirme a los hechos y criterios técnicos.
P. ¿Qué diferencia hay entre parecer creíble y cumplir criterios de credibilidad psicológica?
R. Parecer creíble es superficial. La verosimilitud psicológica exige coherencia interna, ausencia de contradicciones relevantes, detalles espontáneos y consistencia con otros datos. La psicología no evalúa “credibilidad” —concepto jurídico— sino la huella de memoria en un relato.
P. ¿Sigue existiendo estigma en Canarias al acudir a un psicólogo, incluso ante un perito?
R. Sí. Muchas personas temen parecer “débiles”. Esto las lleva a minimizar síntomas, justificarse demasiado o mostrarse rígidas, lo que dificulta la evaluación. La naturalidad es esencial.
P. ¿Cuáles son los malentendidos más frecuentes entre jueces, abogados y psicólogos?
R. Creer que un informe aporta certezas absolutas. La psicología trabaja con probabilidades y patrones. Otro equívoco habitual es pensar que el psicólogo “decide” custodias o culpabilidades. Nosotros aportamos datos técnicos; decide el juez.
Tendencias que preocupan
P. ¿Qué le preocupa del futuro de Canarias en términos de conflictividad?
R. Los menores expuestos a conflictos prolongados o violencia. También el crecimiento de problemas vinculados al uso de redes sociales: ciberacoso, aislamiento y conductas de riesgo.
Tres medidas para reducir la conflictividad
P. Si pudiera proponer tres medidas preventivas, ¿cuáles elegiría?
R. Educación emocional obligatoria desde la infancia; servicios de mediación accesibles antes de judicializar; y programas de apoyo a la parentalidad para evitar que las separaciones se conviertan en guerras.
P. Su trabajo implica exposición constante al sufrimiento. ¿Cómo se cuida?
R. Mantengo límites claros entre vida personal y profesional, y cultivo actividades que me permiten desconectar. El autocuidado es una condición necesaria para ejercer con rigor.
P. Para terminar, ¿qué cree que debería saber cualquier canario sobre el trabajo de un psicólogo forense?
R. Que no juzgamos: comprendemos. No trabajamos para una parte, sino para la Justicia. No buscamos una historia perfecta, sino la verdad que emerge de la conducta, los hechos y la mente. Ese matiz es esencial.
Una conversación que evidencia que el trabajo del psicólogo forense combina ciencia, ética y sensibilidad en un entorno social donde las distancias son cortas y los desafíos, complejos.
La labor de profesionales como Benito Codina, a menudo invisible, constituye una pieza esencial para garantizar decisiones justas y proteger a quienes más lo necesitan.







