Nicolás Maduro ha sido trasladado al Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn tras su captura y extradición a Nueva York. El líder venezolano, que se enfrenta a cargos de narcoterrorismo, ha ingresado en una de las prisiones más temidas del sistema federal estadounidense, un complejo que abogados y magistrados no dudan en calificar como un auténtico infierno en la tierra.
Inaugurado en 1994, el MDC Brooklyn nació con el objetivo de aliviar el hacinamiento de las cárceles de Manhattan. Es una mole de hormigón y cristal reforzado de nueve plantas situada en el barrio de Sunset Park, frente a la costa de Brooklyn. A diferencia de las prisiones de campo abiertas, este es un centro de detención administrativa de máxima seguridad donde los reos pasan casi todo el tiempo confinados en espacios cerrados, sin apenas contacto con el aire libre.
Uno de los aspectos más singulares del MDC es su Unidad de Vivienda Especial, donde suelen terminar los presos con un perfil de seguridad elevado para evitar que se mezclen con el resto de la población. En este entorno, las condiciones se endurecen drásticamente, con celdas diminutas y una vigilancia constante mediante sistemas electrónicos de última generación. La soledad es el denominador común en estas galerías, donde el silencio solo se rompe por el sonido de los cierres magnéticos y las inspecciones periódicas de los funcionarios, quienes operan bajo protocolos de máxima alerta ante la importancia de los reos custodiados.
Entre los datos curiosos que rodean a este penal destaca la variopinta lista de celebridades y criminales que han ocupado sus celdas en tiempos recientes. Desde figuras de la música como el rapero Sean Diddy Combs o el magnate Jeffrey Epstein, hasta responsables de estafas financieras globales como Sam Bankman-Fried han compartido la austera vida de este centro. Además, el edificio fue protagonista de un escándalo nacional hace unos años debido a un prolongado corte de energía que dejó a los internos en condiciones extremas durante un invierno neoyorquino, lo que puso de manifiesto las carencias infraestructurales que a veces se esconden tras sus muros.
Para Maduro, este traslado supone el paso de una vida de poder absoluto a un entorno donde cada minuto está reglamentado y donde el anonimato del uniforme naranja es la única norma. La seguridad es tan estricta que incluso los traslados a los juzgados se realizan bajo operativos que bloquean el tráfico de las calles aledañas, confirmando que este edificio es, hoy por hoy, el búnker más vigilado de Nueva York.







