Ángel Víctor Torres viene cada vez más a menudo por aquí. Viene como ministro, por supuesto, que los políticos que han ido a la capital del reino nunca vuelven a su tierra a secas. Ministro, secretario general, invitado, acompañante, hijo pródigo o defensor natural de su jefe y de camino darse un baño de sonrisas entre los suyos -no se masas- y tantear el terreno electoral probándose el traje.
Torres es ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, secretario general del PSOE de Canarias y futuro candidato a la Presidencia del Gobierno autonómico, a no ser que Sánchez elija otro, que creo que no. Aún no lo han proclamado oficialmente, pero tampoco hay que esperar al cartel. El traje ya está encargado y vino a probárselo y tomar medidas.
Me cuentan que Franquis ha tenido la delicadeza de decir en voz alta lo que todo el mundo dice en voz baja y es que Torres será el referente socialista en 2027. El PSOE canario, hoy por hoy, no tiene otra figura con su peso, su rodaje ni su control sobre la maquinaria. Conserva organización, militancia y votantes. Y sobre todo tiene alrededor, banderizos, que en política son un activo bastante más rentable que los amigos ya que un amigo te decepciona, el banderizo espera turno.
Algunos de esos banderizos, todo hay que decirlo, no están precisamente enamorados de Sánchez. Pero se pliegan al sanchismo, algunos muy descaradamente, procurando que la obediencia parezca reflexión. Son socialistas de toda la vida, de esos de agrupación, de pasillo, de congreso y de calculadora. No saldrán corriendo a defender cada ocurrencia de La Moncloa —para eso ya hay quien cobra—, pero cuando llegue el momento de meter la papeleta en la urna sabrán perfectamente hacia dónde inclinar la mano. Ese voto callado, de sobremesa y sobreentendido, puede darle a Torres más de una alegría. Y a sus adversarios, algún disgusto que ahora ni se figuran. Porque aunque haga algún ridículo que otro con su Sánchez, sigue recordando que ganó las elecciones en Canarias.
Antes, eso sí, tendrá que quitarse de encima la mochila del sanchismo. Torres ha sido uno de los defensores más constantes de Sánchez y forma parte de su Gobierno. No puede presentarse en Canarias como si acabara de llegar como un nieto de exiliado y no supiera nada de lo que se cuece en Madrid. Ha estado allí, ha aplaudido allí y ha defendido al presidente incluso cuando otros socialistas preferían mirarse los zapatos o cómo de largas tenían las uñas.
Sánchez es su gran fortaleza y su gran hipoteca. Y es que le ha dado ministerio, foco y púlpito, pero le entrega también todo el equipaje del sanchismo, que es tela marinera. Algo se le ocurrirá para que los canarios distingan entre él y Sánchez sin que Sánchez descubra que se están distinguiendo. Tácito lo habría escrito con menos palabras y más maldad. Habrá que exhibir cercanía con La Moncloa cuando haya millones que anunciar -lo que Séneca llamaría fortuna favorable- y prudente distancia cuando aparezca el siguiente incendio. Ministro en los actos oficiales, candidato en las agrupaciones y canario de toda la vida cuando lleguen las urnas.
Hay, además, una paradoja y es que en 2023 ganó las elecciones autonómicas. El PSOE fue la fuerza más votada y obtuvo veintitrés diputados – eso miré- Pero un pacto parlamentario permitió que Fernando Clavijo regresara a la Presidencia. Torres ganó y no gobernó. Le parecerá injusto. Y aún puede repetirlo en actos, entrevistas y comidas de trabajo. Aunque tomó la misma medicina que su dios político administra a diario en Madrid. Recordemos que en las generales de aquel mismo año ganó el Partido Popular. Feijóo obtuvo más votos y más escaños que Sánchez. No consiguió, sin embargo, los apoyos necesarios para la investidura. Sánchez sí los reunió y no ganó. Es decir, Torres perdió la Presidencia de Canarias por la misma aritmética que permitió a Sánchez conservar la Presidencia de España. Lo que en Canarias se vende como pacto arrebatador para apartar al ganador, en Madrid lo celebró como expresión sublime del respeto al arco de la mayoría parlamentaria. Pues eso gobierna Sánchez porque sumó en el Congreso, gobierna también legítimamente Clavijo porque sumó en el Parlamento de Canarias. Y es lo que pasa, que las urnas reparten escaños y los parlamentos eligen presidentes. No cabe beber del zumo del sanchismo en Madrid y luego quejarse porque en Canarias se lo han servido en el mismo vaso y con la misma pajita .
Nada de esto elimina el mérito electoral de Torres. Ganó en 2023 y conserva una base de votantes que no se ha evaporado. Tiene implantación, experiencia de gobierno y una organización que, con sus tribus y sus liturgias, cierra filas en cuanto huele el poder. Si consigue que las próximas Canarias no acaben convertidas en un plebiscito sobre Sánchez, tendrá opciones reales de disputar la Presidencia.
El problema, siempre el mismo, es que Torres necesita a Sánchez para llegar y necesita que Sánchez pese lo menos posible cuando llegue.
Clavijo intentará pegarlo a La Moncloa y como pasan de Canarias en Madrid los diputados no nacionalistas, mientras Torres, procurará presentarse como el hombre que conoce Madrid y puede arrancarle a Madrid lo que Madrid siempre nos debe. Yo no me lo creo. Uno dirá que es el delegado de Sánchez en las islas. El otro responderá que es la voz de Canarias en el Gobierno de España.
Por eso sus visitas a Canarias ya no admiten lectura inocente, ya que cada fotografía, cada reunión, cada aparición pública son ladrillos con los que se reconstruye al candidato. Torres no está volviendo porque, en rigor pienso -yo al menos- que no llegó nunca a marcharse. Dejó la Presidencia, sí; pero conservó el partido, los suyos y la firme intención de regresar por donde salió.
El traje ya se lo está probando. Le queda bien, incluso holgado en los hombros. La duda, como siempre en este oficio, no es de talla sino de etiqueta: si logrará arrancarse la de Sánchez antes de salir a la calle.
En la próxima hablaré de la camisa y los zapatos. Pues ya no se usa corbata.






