El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el bloque Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, ha reactivado un debate que en Canarias tiene un perfil propio.
Más allá de los grandes equilibrios geopolíticos o de las oportunidades para la industria europea, el Archipiélago observa el pacto desde una posición de fragilidad estructural debido a unos costes de producción elevados, la dependencia exterior y un sector primario de pequeña escala que compite en el mismo mercado con potencias agroalimentarias mundiales.
El acuerdo prevé una reducción progresiva de aranceles y la apertura de cuotas para productos agrícolas y ganaderos sensibles. Aunque incorpora salvaguardas y no elimina los estándares sanitarios de la UE, el impacto potencial en Canarias no se mide tanto por el volumen de importaciones como por el efecto precio y por la presión adicional sobre actividades ya tensionadas.
Estos son los productos que corren mayores riesgos en Canarias:
Plátano
El plátano es el principal cultivo del Archipiélago y uno de los más sensibles a cualquier alteración del mercado europeo. Mercosur, y especialmente Brasil, es un gran productor mundial de banana.
Aunque el régimen específico del plátano en la UE no desaparece con el acuerdo, la mayor entrada de fruta latinoamericana a precios más bajos puede deprimir el precio de referencia.
Para un sector que depende de márgenes ajustados y de ayudas compensatorias, incluso una presión indirecta puede traducirse en pérdida de rentabilidad y mayor dependencia del apoyo público.
Tomate, el cultivo más expuesto
El tomate canario, orientado históricamente a la exportación, figura entre los productos con riesgo más alto y directo.
Brasil y Argentina cuentan con producciones de tomate fresco y transformado a gran escala, con costes laborales y energéticos inferiores.
El tomate de Canarias ya ha sufrido un fuerte retroceso por la competencia de terceros países; la apertura a Mercosur puede agravar una tendencia que pone en cuestión la viabilidad de las explotaciones que aún sobreviven.
Ganadería de vacuno y el impacto por precio
La ganadería vacuna canaria es reducida en términos absolutos, pero el acuerdo contempla cuotas de carne sudamericana con arancel reducido.
El problema para las Islas no es la sustitución directa del producto local, sino la caída de precios en el mercado.
Las explotaciones insulares, de pequeño tamaño y con altos costes de alimentación y transporte, son especialmente vulnerables a cualquier descenso del precio de referencia.
Pollo y huevos
Brasil es uno de los mayores exportadores mundiales de carne de pollo. La liberalización parcial del comercio avícola supone una presión adicional sobre la producción local, que compite en el mercado interior con costes más elevados.
En un contexto de encarecimiento energético y de piensos, el riesgo es una erosión progresiva de márgenes que dificulte la continuidad de los productores canarios.
Miel
La miel canaria es un producto de calidad, ligado a la apicultura artesanal y a ecosistemas frágiles.
El acuerdo incluye cuotas para miel procedente de Mercosur, producida a gran escala y a precios muy inferiores.
La amenaza no es la calidad, sino la competencia en los lineales, donde el precio suele ser decisivo y puede invisibilizar el producto local.
Papas
Canarias ya importa una parte significativa de las papas y hortalizas que consume. Mercosur es un gran productor de estos alimentos y la apertura comercial facilita la entrada de producto más barato.
El riesgo es una sustitución creciente de producción local por importaciones, con la consiguiente pérdida de soberanía alimentaria y abandono de tierras agrícolas.
Productos menos expuestos
No todos los productos canarios se ven afectados de la misma manera.
Los vinos con denominación de origen, los quesos artesanales, el gofio o productos singulares como el aloe vera canario no compiten directamente con Mercosur y cuentan con protección por diferenciación o por normativa europea.
El riesgo principal del acuerdo UE-Mercosur para Canarias no es un colapso inmediato del sector primario, sino un desgaste progresivo: caída de precios, pérdida de rentabilidad y mayor dependencia del exterior.
En un territorio ultraperiférico, donde la agricultura cumple también una función social, paisajística y de equilibrio territorial, estos efectos tienen consecuencias que van más allá de lo económico.
Por eso, sin medidas específicas el pacto corre el riesgo de profundizar una brecha ya existente entre los grandes productores globales y los territorios que, como las islas, juegan la partida en clara desventaja.







