Veinte años después de aterrizar en la cantera azulgrana siendo un adolescente de Tenerife, Pedro Rodríguez regresó este miércoles al Camp Nou para poner fin a su carrera. El extremo, de 39 años, grabó su adiós sobre el césped del estadio, rodeado de los títulos que levantó, y resumió así una trayectoria de dos décadas: «Vuelvo donde empezó todo. Siento que es el momento».
San Isidro primero y el Barcelona después moldearon a un futbolista que acabó siendo pieza del equipo más dominante de su generación. Debutó con el primer equipo con 20 años y en la 2009-2010 firmó una rareza que nadie había logrado: marcar en las seis competiciones que jugó el Barça esa temporada, de la Liga al Mundial de Clubes, pasando por la Champions y las dos Supercopas.
Fue campeón del mundo en Sudáfrica 2010 y de Europa en 2012 con España, con la que disputó 65 encuentros y anotó 17 tantos. En el Barça sumó tres Copas de Europa y una colección de títulos nacionales antes de buscar nuevos destinos.
En el Chelsea conquistó una Europa League; en Roma y, sobre todo, en la Lazio, encontró una segunda juventud y el afecto de la grada. «Llegué como un veterano y me trataron como un hijo», dijo sobre aquellos años en la Serie A, donde cerró el capítulo final de su carrera.
Pedro se marcha con 776 partidos y 25 trofeos a la espalda, y con un mensaje para la afición que lo vio crecer: «Mi corazón siempre será culé». El club le devolvió el gesto con un agradecimiento público. El viernes 9, a las 11.30, el jugador ofrecerá una rueda de prensa y un acto institucional en el Auditori 1899 del propio estadio para despedirse formalmente.






