jueves, 3 septiembre,2026

Canarias está cansada

Hay fotos que no necesitan pie. Esta es una de ellas. Un hombre sentado en un escalón de cantería, la bandera de Canarias sobre los hombros como quien se echa encima el peso de siete islas, la cara escondida en la mano. Alrededor, banderas de España, banderas de Ceuta, miles de personas que anoche llenaron los alrededores del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife para decirle a una ciudad hermana que no está sola. Y en medio de todo ese ruido, este silencio. Esta fatiga. Esta imagen que es, exactamente, el estado de ánimo de Canarias.

Porque Canarias está cansada. No derrotada, que es otra cosa. Cansada.

Anoche no se protestaba por una carretera ni por un presupuesto. Se protestaba por algo más hondo: por la sensación de que lo que le ha pasado a Ceuta —una ciudad de apenas

84.000 habitantes desbordada en cuestión de horas a finales de julio— podría pasarnos a nosotros, y de que nadie sabe decirnos con certeza qué ocurriría entonces. Ceuta y Canarias son ciudades y tierras hermanas en lo bueno y en lo malo: frontera sur, primera línea, últimas en la lista de prioridades cuando llega la factura. Lo dijo hasta el alcalde al sumarse a la convocatoria: cuando peor lo pasamos aquí en materia migratoria, la respuesta no estuvo a la altura. Eso no se olvida. Eso pesa.

Y ese peso se nota en la calle. Los nervios están a flor de piel. Hay incertidumbre sobre Marruecos, sobre lo que puede pasar mañana en el Estrecho o pasado mañana en nuestras costas, sobre si el Estado reaccionaría a tiempo o volvería a llegar tarde con un comunicado. Nadie en su sano juicio desea el conflicto; lo que la gente desea es algo mucho más modesto y mucho más difícil de conseguir: certeza. Saber que si algo ocurre, no estaremos solos con el problema y una nota de prensa.

Pero cuidado con la conclusión fácil. Este editorial no va a caer en la tentación de convertir el cansancio en rencor. Canarias no necesita enemigos; ya tiene bastante con el Atlántico. No se trata de señalar a Madrid ni de agraviarnos con el resto de comunidades autónomas, con las que nos unen lazos de familia, de trabajo, de historia y de sangre. Ceuta lo demostró

anoche: cuando una parte de España sufre, la otra sale a la plaza. Eso también somos nosotros, y renunciar a esa hermandad sería renunciar a lo mejor que tenemos.

Lo que Canarias necesita no es más dinero, aunque venga bien. Ni siquiera es más atención, aunque se agradezca. Lo que necesita es quererse más a sí misma. Y quererse no es el “mi niño” cariñoso de siempre —que es nuestra esencia y ojalá no la perdamos nunca—, sino algo más exigente: ser fuertes juntos, dejar de remar cada uno en su bote y hacernos escuchar donde se deciden las cosas. Con la cabeza alta y la mano tendida. Indispensables, no suplicantes. Unidos a Madrid y unidos entre nosotros, que a veces es lo más difícil.

El hombre de la foto se levantará. Se levantará porque este pueblo se ha levantado de volcanes, de emigraciones, de crisis que habrían tumbado a territorios con menos correa. Pero que se levante no puede ser la excusa de siempre para volver a cargarlo. El cansancio de Canarias es un aviso, no un paisaje. Y los avisos, cuando no se escuchan, acaban convirtiéndose en otra cosa.

Canarias está cansada. Que nadie confunda el cansancio con la resignación.

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

LECTOR AL HABLA