martes, 25 agosto,2026

El jefe del Ejército de Pakistán llega a Teherán para tratar de rescatar la paz entre Irán y EE.UU.

El jefe del Ejército de Pakistán, el mariscal de campo Asim Munir, llegó este lunes a Teherán para proseguir con los esfuerzos de su país por contribuir a promover la paz, en medio del estancamiento de las negociaciones para poner fin a la guerra entre Irán y Estados Unidos, que está a punto de cumplir seis meses. Munir viajó al frente de una amplia delegación y tiene previsto reunirse con altos cargos iraníes. La visita, confirmada por el portavoz de la diplomacia iraní, Esmail Baghaei, busca según Teherán reforzar la cooperación bilateral y dar continuidad a la mediación de Islamabad para promover la paz y la seguridad en la región.

Pakistán se ha erigido en un intermediario inesperado pero decisivo en este conflicto. Islamabad negoció en junio un memorando de entendimiento entre las partes, y Munir se ha convertido en una figura central del proceso, hasta el punto de ser uno de los pocos capaces de comunicarse por teléfono tanto con los líderes estadounidenses como con los iraníes, transmitiendo mensajes como intermediario de confianza. De hecho, es ampliamente reconocido que las negociaciones se han coordinado desde Rawalpindi, sede del Ejército pakistaní, más que desde la propia sede del Gobierno. Esta es ya la tercera visita del mariscal a Irán en lo que va de año, lo que da la medida de su implicación personal.

El diálogo se estancó tras la reanudación de las hostilidades a comienzos de julio, después de que una ronda de negociaciones en Islamabad, en la que participó el vicepresidente estadounidense JD Vance, concluyera sin acuerdo pese a más de veinte horas de conversaciones. Aquel fracaso llevó al presidente Donald Trump a imponer un bloqueo naval sobre el estrecho de Ormuz, y la escalada no ha dejado de crecer desde entonces. Según fuentes pakistaníes, Munir abordará con las autoridades iraníes distintos aspectos del conflicto, el memorando de Islamabad y las últimas advertencias de Washington.

El desafío para Munir es mayúsculo, y su éxito está lejos de garantizarse. El mariscal intenta reactivar una mediación que ya logró un alto el fuego en junio pero que se ha desmoronado después, en un conflicto que estalló el 28 de febrero con los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán y que ha convertido el estrecho de Ormuz, vía de paso de buena parte del petróleo mundial, en su principal punto de fricción. La relación entre Pakistán e Irán, además, no está exenta de tensiones propias por los ataques de grupos insurgentes en su frontera común, lo que añade complejidad a un papel mediador que Islamabad trata de rentabilizar también en el plano diplomático. De su gestión depende, en buena medida, que se reabra una vía de diálogo o que la región se deslice hacia una nueva fase de la guerra, con consecuencias directas sobre la estabilidad global y los precios de la energía.

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LECTOR AL HABLA