domingo, 16 agosto,2026

Corea del Sur tiende la mano al Norte para cambiar el armisticio por la paz, pero Pyongyang mira hacia Moscú

El presidente Lee Jae Myung aprovecha el Día de la Liberación para renovar su oferta de diálogo, en un momento en que Kim Jong-un se reafirma como potencia nuclear y estrecha lazos con Rusia

El presidente surcoreano, Lee Jae Myung, volvió a ofrecer este sábado la mano a Corea del Norte con una propuesta de calado: sentarse a negociar el fin formal de la guerra de Corea y sustituir el frágil armisticio que rige desde hace más de siete décadas por un régimen de paz estable. La oferta, lanzada en el discurso del 81 aniversario de la liberación del dominio colonial japonés, incluyó además una puerta abierta a discutir fórmulas para frenar el programa nuclear de Pyongyang. «Dejemos de lado nuestras intenciones de amenazarnos mutuamente y empecemos a dialogar para poner fin a esta prolongada guerra como partes directamente implicadas», planteó el mandatario.

Para entender el peso de esas palabras conviene recordar una anomalía histórica: las dos Coreas siguen técnicamente en guerra. El conflicto que estalló en 1950, cuando el Norte invadió el Sur, se detuvo en 1953 con un armisticio militar, nunca con un tratado de paz. Aquella tregua congeló la península en un pulso permanente, con una de las fronteras más militarizadas del planeta y millones de familias separadas. Reemplazar ese armisticio por un acuerdo de paz es, precisamente, la aspiración de fondo que Lee volvió a poner sobre la mesa.

La propuesta encaja además con la trayectoria política del presidente. Lee, un liberal que llegó al poder en junio de 2025 tras la caída del conservador Yoon Suk-yeol por su fallida declaración de ley marcial, ha hecho del acercamiento al Norte una de sus señas de identidad, en la estela del deshielo que el también progresista Moon Jae-in protagonizó junto a Kim Jong-un y Donald Trump entre 2018 y 2019. Aquel acercamiento naufragó con el estancamiento de las negociaciones sobre desnuclearización, y bajo el mandato de Yoon ambos países dieron marcha atrás y enterraron los acuerdos militares de distensión. Desde que asumió el cargo, Lee ha multiplicado los gestos de reconciliación, con el compromiso de respetar el sistema norcoreano y de no perseguir la unificación por absorción.

El problema es que, hasta ahora, esos gestos han chocado con el silencio de Pyongyang. Kim Jong-un no ha respondido a las sucesivas ofertas de diálogo y ha optado por un camino opuesto: reafirmarse como potencia nuclear de carácter irreversible y estrechar su alianza con Rusia, a la que ha enviado tropas y armamento para la guerra en Ucrania a cambio de respaldo político, tecnológico y económico. Ese giro hacia Moscú ha reforzado la posición del régimen y ha reducido su dependencia de cualquier concesión surcoreana, lo que resta margen a la mano tendida desde Seúl.

De ahí que la iniciativa de Lee tenga tanto de estrategia diplomática como de mensaje al mundo. Al reclamar un régimen de paz e insistir en que existen mecanismos para gestionar la tensión y evitar choques accidentales, el presidente busca situar a Corea del Sur como la parte dispuesta al entendimiento y trasladar a Pyongyang la responsabilidad del bloqueo. En el mismo discurso, Lee reivindicó la mejora de las relaciones con Japón durante el último año como ejemplo de que la confianza puede reconstruirse entre viejos adversarios. Queda por ver si ese argumento cala en un Kim Jong-un cada vez más cómodo bajo el paraguas ruso y menos interesado en un diálogo con el Sur que, por ahora, no contempla en su horizonte inmediato.

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LECTOR AL HABLA