viernes, 14 agosto,2026

¿Saben nuestros políticos que es un Limes?

La pregunta parece retórica, pero no lo es. ¿Saben realmente qué significa? ¿Saben que no es una ruina romana, ni una curiosidad para especialistas? ¿Saben que el Limes es, en realidad, una forma de pensar la frontera, una arquitectura del poder, un sistema vivo de gestión del riesgo? ¿O creen que es algo del pasado, irrelevante, ajeno a la geopolítica contemporánea y a los acuerdos internacionales que firman sin comprender del todo su alcance? La impresión, observando la política española reciente, es que muchos responsables públicos hablan de fronteras como si fueran líneas estáticas, como si dentro de esas líneas diera igual lo que hay dentro. Y no. Es lo que hay dentro lo que carga de Imperium el Limes. La ciudadanía es limes, es autoridad. Y esa falta de comprensión se nota especialmente cuando miramos hacia Ceuta, hacia Canarias, hacia Marruecos, hacia el Mediterráneo. Se nota en la política exterior del Gobierno de España, en la gestión de crisis migratorias, en la relación con Rabat, en la manera en que se comunica y se justifica cada giro diplomático. Se nota, en definitiva, en la ausencia de una lectura estratégica del territorio. El limes era una zona viva, un espacio de contacto, tensión y negociación. Era un territorio donde el imperio, intenso no como forma de estado sino como concepto jurídico de plenitud de autoridad, se definía frente al exterior. Donde la seguridad se mezclaba con la diplomacia y la vigilancia con el intercambio. El limes era permeable, dinámico. Y, sobre todo, era un sistema: un modo de organizar la relación entre dentro y fuera. En una palabra, era política. Y quien no entiende la frontera no entiende de geopolítica. El limes era la forma en que Roma se hacía visible en sus bordes, la manera en que afirmaba su soberanía, allí donde esta se ponía a prueba. No era un muro rígido, en este limes, territorio articulado, se mezclaba comercio, diplomacia, asentamientos y circulación regulada. Era un ecosistema político, diríamos hoy, que permita controlar el contacto sin perder iniciativa y autoridad. Su solidez era un indicador de la salud del Estado: cuando el limes se debilitaba, no fallaba solo la frontera, fallaba la forma de estado. Cuando observamos la política española hacia Ceuta, la pregunta vuelva a aparecer y además preguntamos: ¿se entiende Ceuta como limes? ¿O se sigue pensando como una frontera administrativa? Ceuta es uno de los espacios donde España se encuentra con Marruecos, donde la presión migratoria se convierte en herramienta diplomática, porque es una ciudad entera, donde la estabilidad depende de equilibrio que no se pueden gestionar con discurso simplistas. Ceuta es un limes en toda regla: un territorio donde la política exterior es doméstica y donde cada gesto tiene consecuencias regionales. El particular trasciende a universal. Sin embargo, el debate público lo reduca a una cuestión de control, seguridad y soberanía, sin comprender la complejidad del sistema. Parece que no se haya entendido que en ese limes hay ciudadanía, y ciudadanía española, y que esa ciudadanía es parte del imperium que sostiene la frontera. la gestione del gobierno Sánchez parece ser un concentrado de falta de claridad que genera solo desconcierto, tensiones internas y una sensación de improvisación que no ayuda a comprender la lógica geopolítica que está detrás. En canaria parece que el archipiélago percibe su condición de limes. Canaria vice la frontera como un territorio. Sabe que su posición atlántica la convierte en punto de contacto con África occidental, en nodo migratorio, en espacio de vigilancia, en plataforma energética y militar. Pero quizá el Marruecos más. Canarias sabe que el limes canario es un sistema que se mueve con flujos, con la crisis africana, con la política europea, con la relación con Rabat. Pero otra vez, quizá Marruecos más, porque esa conciencia no se comparte con Madrid, donde el archipiélago se interpreta como perímetro y no como ecosistema político. La diferencia es clave. Canarias entiende el limes como una realidad cultural y geopolítica, España lo entiende como una frontera exterior de la UE. Y esa divergencia explica por qué el archipiélago reclama recursos, competencias y reconocimiento, mientras el Gobierno central responde con dispositivos acuerdos y cifras. El limes canario existe, pero no se nombra. Y cuando una frontera no se nombra sencillamente se gestiona mal. A esto se suma la retórica política insular que intenta afirmar identidad y reclamar atención, pero que se queda en folklore porque no se apoya en una comprensión estratégica del territorio. Las frases “canaria a lo canarios, los nuestros a los nuestros” suenan contundentes, identitarias casi reivindicativas, pero en realidad es táctica no una estrategia. Es una respuesta emocional a la sensación de desatención, una forma de marcar el territorio sin comprender que, sin el concepto de limes, esa frase queda vacía. Aquí hay ciudadanía, hay imperium, hay derechos: eso es el limes. Si no se entiende vivimos el limes como algo subalterno, constantemente obligado a demostrar que existe mediante folklore propagandístico.

La pregunta inicial resuena con fuerza: ¿Saben nuestros políticos que es un limes? ¿Saben que Ceuta Canarias y el Mediterráneo no son bordes? ¿Son sistema?  saben que los acuerdos internacionales que operan dentro del limes? ¿Saben que la autoridad se sostiene tanto en los márgenes como en el centro? La respuesta observando la práctica política local, es que no siempre. Quizá haya llegado el momento de introducir el concepto en el debate política, de explicar que el limes no es pasado es actualidad política. Mientras no se entienda seguiremos sorprendidos cada vez que la realidad nos recuerde que las fronteras nunca fueron simples. Tal vez, para muchos políticos, la actualidad política se reduca a llegar a las elecciones con un número de adhesiones discretas y numéricamente aceptable. ¿Para que conocer el limes y pretender su autoridad? Hay un gobierno nacional y nosotros estamos en medio del atlántico, algo diremos siempre desde la posición de victima olvidada. Pero esa actitud tiene un precio y lo estamos pagando.

Giovanna Lenti
Giovanna Lenti
Se graduó en filosofía en la Universidad de Estudios de Siena con una tesis sobre "Carl Schmitt, la guerra, el enemigo, el derecho internacional", nombrada doctora en historia de la filosofía política tiene artículos publicados en la revista italiana de psicología e historia militar sobre el dualismo amigo/enemigo y la guerra justa. Desde 2015 colabora con la Fundación de Historia de la Ciencia de La Orotava en Tenerife, publicando para la fundación ensayos sobre Aristóteles, Carl Schmitt, Pablo de Tarso, Ortega y Gasset y Cristóbal Colón. En lengua italiana ha publicado para Aracne "Pablo de Tarso: el origen político del cristianismo" y varios artículos para OIKOS sobre el nacionalismo catalán y los vientos patrióticos europeos. desde el 2020 colaboradora del periódico italiano Leggo Tenerife, desde 2021 es colaboradora fija y comentarista del programa radiofónico de actualidad política "La tertulia de los miércoles" en Tenerife; ha publicado en el 2023 para La Bussola, Destino político in Machiavelli e Ortega y Gasset.
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