Irán ha nombrado a Mohsen Rezai como nuevo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, el organismo que define la política de defensa, nuclear y exterior de la República Islámica. El nombramiento, formalizado el domingo 9 de agosto mediante decreto del presidente, Masoud Pezeshkian, sitúa al frente de una institución clave a una de las figuras históricas y más controvertidas del aparato militar iraní. Rezai, de 71 años, sustituye a Mohammad Baqer Zolgadr, que ocupó el cargo apenas cuatro meses y medio y pasa ahora a ejercer como asesor político del líder supremo.
El perfil del nuevo responsable es netamente militar. Rezai fue comandante en jefe del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, la temida Guardia Revolucionaria, entre 1981 y 1997, durante buena parte de la guerra entre Irán e Irak, conflicto en el que se forjó como uno de los llamados pioneros de la Defensa Sagrada. Tras dejar el mando militar, ocupó durante más de dos décadas la secretaría del Consejo de Discernimiento y, entre 2021 y 2024, una vicepresidencia para Asuntos Económicos. Aspiró sin éxito a la presidencia del país en tres ocasiones, en 2009, 2013 y 2021. Mantiene, además, un estrecho vínculo con la cúpula del régimen, hasta el punto de que el líder supremo lo designó como su representante personal en el consejo.
Su llegada tiene una lectura política clara. Diversos analistas interpretan el nombramiento como una señal de que el sector más radical del sistema gana terreno, en un momento especialmente delicado. Rezai asume el cargo con la guerra iniciada hace casi seis meses aún abierta, tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel que en febrero acabaron con la vida de altos cargos iraníes, y con el estrecho de Ormuz como epicentro del pulso con Washington. Históricamente ha defendido una postura de desconfianza hacia Estados Unidos y ha combinado la disposición a negociar desde una posición de fuerza con duras advertencias, en línea con la tesis oficial de que no habrá conversaciones directas mientras Washington no cumpla sus compromisos.
Su figura arrastra, sin embargo, una acusación de enorme gravedad. Rezai está reclamado por la Justicia argentina y figura con una circular roja de Interpol por su presunta responsabilidad en el atentado contra la mutual judía AMIA de Buenos Aires en 1994, que causó 85 muertos. Se trata de una imputación que tanto él como el régimen iraní han rechazado siempre. Ese antecedente convierte su ascenso en un asunto especialmente sensible en el plano internacional, justo cuando Teherán mantiene contactos indirectos con Estados Unidos y negocia con Omán las condiciones para reabrir el tráfico marítimo por Ormuz, la ruta por la que antes de la guerra circulaba en torno al 20 % del crudo mundial.






