Montar o actualizar un ordenador se ha vuelto, de repente, mucho más caro. El precio de la memoria RAM y de las unidades de almacenamiento SSD lleva meses en una escalada que no tiene visos de frenar, y el motivo no es una nueva crisis logística ni una subida de impuestos, sino la voracidad de la inteligencia artificial. La demanda de los grandes centros de datos ha absorbido buena parte de la producción mundial de chips de memoria, dejando el mercado de consumo desabastecido y con los precios por las nubes.
Las cifras son contundentes. Según un análisis de Jefferies Equity Research, la RAM subirá entre un 40 % y un 50 % en el tercer trimestre del año, y otro 30 % o 40 % adicional en el cuarto, lo que deja una subida acumulada cercana al 80 % antes de que termine 2026. En términos prácticos, un kit de memoria DDR5 que hoy ronda los 240 euros podría acercarse a los 500 en diciembre. Un módulo básico de 32 GB que hace un año costaba entre 70 y 90 euros supera ya los 300. Y el almacenamiento sigue la misma senda: los contratos de memoria NAND, la que llevan los SSD, apuntan a subidas de entre el 70 % y el 90 % por trimestre, con los modelos más rápidos de gama alta como los más castigados.
La raíz del problema es estructural. Los tres grandes fabricantes mundiales de memoria, Samsung, SK Hynix y Micron, han redirigido buena parte de su capacidad hacia la HBM, un tipo de chip apilado imprescindible para la inteligencia artificial que consume mucha más superficie de silicio que la DDR5 convencional. La memoria clásica de PC ha pasado así a un segundo plano. A ello se suma que en torno a la mitad de la producción mundial está reservada mediante contratos a largo plazo con los grandes de la nube como Microsoft, Google y Amazon, un porcentaje que podría crecer aún más y dejar apenas migajas para el usuario doméstico. La escasez ha provocado incluso un movimiento paradójico: fabricantes que daban por amortizada la antigua DDR4 han vuelto a producirla, y su fabricación se ha prorrogado hasta finales de 2026.
El efecto se extiende más allá de la memoria. La falta de módulos GDDR7, que emplean las tarjetas gráficas de última generación, se apunta como una de las razones por las que Nvidia apenas ha renovado su catálogo de tarjetas para juegos este año, ya que esa memoria compite por la misma capacidad de fabricación que la HBM. Incluso Apple actualizó a finales de junio los precios de varios de sus equipos para reflejar el encarecimiento de los componentes, en lo que la propia compañía describió como un reto sin precedentes en la cadena de suministro.
De cara al consumidor, el consejo que repiten los analistas es poco habitual: si se necesita memoria o almacenamiento, conviene comprar ahora, porque es probable que los precios no bajen en los próximos doce meses. Eso sí, sin acaparar más de lo necesario. Componentes como la fuente de alimentación, el disipador o la caja se mantienen a precios similares a los de hace un año, por lo que son la parte menos urgente. La normalización, advierten las consultoras, no llegará antes de 2028, cuando entren en pleno rendimiento las nuevas fábricas y gane peso la producción de fabricantes chinos como CXMT e YMTC. Hasta entonces, la memoria cara se perfila como el nuevo suelo del mercado, y todo dependerá de si la fiebre de la inteligencia artificial mantiene o no su ritmo actual.






