Las delegaciones de Israel y Líbano iniciaron este martes en la Embajada de Estados Unidos en Roma una nueva ronda de conversaciones para avanzar en la aplicación del acuerdo marco alcanzado en junio con mediación estadounidense, que contempla las zonas de seguridad y el desarme de Hezbolá. Los equipos negociadores llegaron a la sede diplomática en torno a las 10.30 hora local para un diálogo que se prolongará hasta el jueves. Se trata de la séptima ronda mediada por Washington y la segunda celebrada en la capital italiana.
El pacto firmado a finales de junio prevé el despliegue del ejército libanés en las llamadas zonas piloto, evacuadas por Israel, a cambio del desarme progresivo del grupo proiraní. En esta cita, según fuentes estadounidenses, se pretende ampliar ese proceso de zonas piloto, resolver los asuntos fronterizos pendientes y avanzar hacia un acuerdo integral de paz y seguridad. Israel aspira, además, a crear grupos de trabajo sobre delimitación de la frontera, desarme, reconstrucción del sur y otras cuestiones.
Pese a un primer avance —el 21 de julio el ejército libanés comenzó a desplegarse en la localidad de Zawtar al Garbiya, primera zona piloto, y a finales de mes Israel se retiró del primer municipio de los 68 que ocupa—, el escepticismo domina en Líbano. Aún no se han fijado nuevas zonas piloto ni se esperaba hacerlo este martes. El principal obstáculo es de fondo: Israel exige que Hezbolá entregue las armas antes de retirarse, mientras la milicia se niega a desarmarse mientras persista la ocupación. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, defendió el lunes que su objetivo son retiradas israelíes sucesivas hasta el repliegue total.
Las conversaciones se desarrollan en un clima de tensión y desconfianza. El líder de Hezbolá, Naim Kasem, tachó este martes las negociaciones directas de vergüenza y humillación que solo traerán concesiones para Líbano, y acusó al presidente Joseph Aoun de actuar de forma parcial y divisiva en lugar de ejercer de árbitro. En paralelo, el ministro de Defensa israelí afirmó haber destruido veinticuatro aldeas libanesas en la zona ocupada, en un conflicto que desde marzo ha causado más de 4.300 muertos en Líbano, según las autoridades del país, con ataques esporádicos que persisten pese al alto el fuego.






