Si la impunidad tuviese un nombre en este país, se apellidaría Sánchez.
Mientras miles de jóvenes en Tenerife – y en toda España – nos dejamos la vista en portales de empleo, encadenamos prácticas precarias y asumimos con rabia que un título universitario ya no da ni para alquilar una habitación compartida, el hermano del Presidente del Gobierno juega en otra liga.
A él no le hace falta bajar al barro del mercado laboral real. En su último balance de curso político, el propio Pedro Sánchez salía a defenderlo sacando pecho de currículum: que sí es licenciado por ICADE, que sí estudió Dirección de Orquesta en San Petersburgo y que si habla inglés, ruso, francés e italiano. “No es solo mi hermano, es fundamentalmente David Sánchez”, nos decía el presidente. Claro que sí. La pequeña diferencia es que a cualquier otro joven canario con ese mismo expediente le ofrecerían una beca de 600 euros o un contrato a media jornada; a él, en cambio, se le diseña un puesto público a medida, cobrando un sueldo formidable y, para rematar la jugada, fija su residencia fiscal en Portugal para librarse de pagar los mismos impuestos que a los demás nos ahogan.
Siempre utilizan el mismo comodín gastado; “la culpa es la de la ultraderecha”, “todo por la fachosfera”, “es una conspiración judicial”. Pero la narrativa de la Moncloa ha chocado de frente con el muro de la realidad. Resulta que al final, casualmente, todo el entorno del presidente acaba salpicado por causas judiciales. No eran fábulas de la oposición; son autos y providencia en negro sobre blanco. Es la misma jugada de siempre: la soltura con la que se cerraban contratos millonarios en la trama de Koldo y Ábalos, el escaqueo de Ángel Víctor Torres para no asumir responsabilidades en nuestra tierra o el ataque desesperado al Poder Judicial para intentar tapar los líos que tienen “en casa”.
Esta es la verdadera humillación para nuestra generación. Mientras a la juventud se nos exige excelencia, nos acribillan a impuestos desde el primer euro y nos adoctrinan en la resignación, el entorno de Sánchez opera como una agencia de colocación VIP. Nos imparten sermones infames sobre “justicia social e igualdad” mientras su núcleo familiar se exime de las reglas del juego que nos imponen a todos los demás.
La juventud no puede continuar en silencio ante semejante insulto a la inteligencia. Defender el mérito, la libertad y nuestro propio futuro hoy significa negarnos a ser los “tontos útiles” del relato oficial del sanchismo. Si toleramos que nos arrebatan las oportunidades mientras pretenden convencernos de que los culpables son los jueces que investigan la corrupción o quienes se quejan de ella, seremos cómplices de nuestra propia ruina.
Se acabó agachar la cabeza: menos lecciones de moralidad y más respeto a la ciudadanía. Porque da igual cuándo leas este artículo, la jugada siempre es la misma: decían que “ser socialista era tener poco y estar dispuesto a dar mucho”… pero lo único que hacen es dejarnos poco a los españoles para dárselo todo a ellos.






