Donald Trump protagonizó este miércoles uno de sus ataques más duros contra España desde que llegó a la Casa Blanca. En una comparecencia junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en el marco de la cumbre de Ankara, el presidente estadounidense calificó a España de «causa perdida» y pidió cortar de inmediato todo el comercio con el país, incluidas las visitas. «España es un socio pésimo en la OTAN. No participan, no pagan. No quiero tener nada que ver con España. Corten todo el comercio con España, por favor, incluidas las visitas. No queremos tener nada que ver», afirmó.
Fue aún más lejos al referirse a los españoles en términos personales: «No tiene remedio, son mala gente. Saben que tienen a todos los demás en marcha, pagando y trabajando». Añadió que pese a haber otros países en la Alianza con actitudes que no le gustan, España «en particular» figura entre los que «se muestran hostiles». Cerró su diatriba con una advertencia: «Ya veremos cuánto les dura la hostilidad cuando llamen diciendo: Por favor, por favor, queremos comerciar con usted, señor».
El origen del malestar de Trump con España es doble. Por un lado, la negativa del Gobierno de Pedro Sánchez a elevar el gasto en defensa más allá del 2,1% del PIB, lejos del 5% que Washington exige a los aliados. Por otro, el rechazo español a respaldar el ataque estadounidense e israelí contra las instalaciones nucleares iraníes en junio del año pasado, episodio que Trump no ha olvidado y que mencionó de nuevo este miércoles al expresar su malestar con la OTAN por no haberle apoyado contra «el principal Estado patrocinador del terrorismo».
Rutte salió al paso de las críticas e intentó templar los ánimos, recordando ante Trump el aumento del gasto militar realizado por Madrid. Sánchez, que coincidió brevemente con Trump en la foto de familia de la cumbre y mantuvo con él lo que describió como una «charla informal y coloquial» sobre el Mundial y el golf, aseguró haber conocido los ataques por los medios y que no hubo tirantez en ese encuentro. El Gobierno respondió al exabrupto con su fórmula habitual: «tranquilidad y normalidad». Recordó además que la relación comercial entre ambos países se canaliza a través de la Unión Europea, que Estados Unidos no puede singularizar a un Estado miembro para imponerle aranceles unilaterales, y que los vínculos económicos los tejen las empresas privadas, no los gobiernos.
No es la primera vez que Trump amenaza con cortar el comercio con España. Lo hizo también en marzo pasado como represalia por el rechazo español al ataque contra Irán, sin que aquella advertencia tuviera consecuencias prácticas.






