viernes, 3 julio,2026

Quebrados, casi

El sistema se erosiona, los pilares caen, la democracia quiebra. Linz, Juan Linz, es uno de los politólogos más influyente del XX siglo. Y completamente desconocido por lo español de España. Hay un premio del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC) para promover y divulgar estudios e investigaciones en las disciplinas de las ciencias sociales, del Derecho público y de la ciencia política. Y poco más, sigue ignorado. Formado en Madrid y consagrado académicamente en Yale fue un referente mundial en los estudios de los regímenes democráticos y autoritarios. Su mirada profundamente arraigada en la experiencia histórica española pero proyectada con rigor hacia América latina y Europa, le permitió identificar patrones universales del deterioro democrático que hoy resulta sorprendentemente actuales y encima actual en España. Su advertencia central, en su magnífico texto La quiebra de la democracia, era que las democracias no mueren de un día para otro, mueren cuando se deterioran los hábitos, las normas y las confianzas que la sostienen. Cuando se observa la evolución del Gobierno de Pedro Sánchez y del PSOE, muchas de las categorías que el identifica como señales de alarma encuentran un eco inquietante. ¿Está España en quiebra democrática? Ciertos comportamientos encajan en los patrones que Linz consideraba peligrosos para la estabilidad de un régimen democrático. Es un deber de responsabilidad que los politólogos se pregunten eso. Desarrollamos punto por punto los cuatros indicadores de quiebra más importantes.

Uno de los ejes centrales del libro La quiebra de la democracia, el testo príncipe donde desarrolla su teoría, es la legitimidad por cumplimiento del mandato. Linz subraya que una democracia parlamentaria se basa en un pacto implícito: los ciudadanos otorgan su consentimiento a un programa y el Gobierno debe respetar ese marco. Cuando un ejecutivo gobierna con un programa distinto del presentado o cuando adopta decisiones que contradicen compromisos explícitos, se rompe lo que Linz llama la cadena de legitimación. En el caso del Gobierno Sánchez la distancia entre las promesas electorales y las decisiones posteriores, especialmente en materia de alianzas, reformas institucionales y concesiones a socios que habían sido descartada públicamente, ha sido interpretada por muchos analistas como un ejemplo de esa ruptura del pacto programático. Ni Linz, ni los demás analistas hacen referencia a la imposibilidad por contingencia histórica o situaciones imprevisible que no permiten la actuación y el cumplimiento del programa, estamos hablando de que se rompe la cadena de legitimidad cuando hay un cambio radical en la voluntad que está detrás del programa prometido y por la que se pidió consenso. Para entendernos vamos con un ejemplo: si el programa lleva la necesidad de construir 4 campos de fútbol y una vez al gobierno la situación económica o histórica no permite la construcción ni de un campo, esa no es ruptura de cadena de legitimidad. Es ruptura cuando el gobierno que prometió ocuparse de la construcción de 4 campos de futbol declara ilegitimo jugar al futbol y en consecuencia nunca se jugará al futbol. Este cambio de voluntad es claramente ruptura de cadena de legitimidad. El cambio de voluntad es lo que todos los analistas ven en el Gobierno Sánchez. Para Linz gobernar mediante sorpresa o engaño no es solo una falta ética, es un mecanismo que debilita confianza en la democracia misma.

Otro elemento clave en la obra de Linz es el desgaste de las normas informales, esas reglas no escritas que permiten que un sistema funcione más allá de la legalidad estricta. La autocontención, el respecto a la oposición, la neutralidad institucional y la previsibilidad son condiciones indispensables. Cuando un Gobierno utiliza su mayoría para tensionar los límites del sistema, presionando órganos de control, acelerando reformas sin consenso o colonizando instituciones, se produce lo que Linz denomina destitucionalidad progresiva. En España la batalla por el control del Poder Judicial, los intentos de modificar reglas básicas sin acuerdo amplio y la instrumentalización de organismos públicos han sido señalados como síntomas de esa deriva. No es que las instituciones desaparezcan es que pierden su función de árbitro neutral, lo que para Linz es un signo claro de vulnerabilidad democrática.

Un tercer aspecto que Linz subraya es el papel destructivo de la polarización afectiva. Cuando los líderes políticos convierten al adversario en enemigo moral, cuando la retórica se basa en la deslegitimación del otro y cuando la política se transforma en un plebiscito permanente sobre la lealtad al líder, la democracia se vacía de contenido deliberativo. En este punto, la estrategia comunicativa del PSOE y de Sánchez, centrada en dividir el espacio político en bloque irreconciliables y en presentar la crítica como una amenaza al progreso o a la convivencia, realiza perfectamente lo que Linz llama proceso de despluralización. La consecuencia es que el parlamento deja de ser un espacio de negociación y se convierte en un escenario de confrontación identitaria, algo que Linz veía como síntoma temprano de quiebra democrática.

A la luz de las últimas declaraciones de Pedro Sánchez en el congreso del PSOE, resulta difícil ignorar hasta qué punto su discurso se aproxima a lo que Juan Linz definía como la tentación hegemónica. No es acusación partidista es una lectura posible desde el marco conceptual linziano. Cuando un líder político presenta a su partido como garante exclusivo de la democracia, cuando identifica la crítica institucional como una amenaza para el país y cuando convierte la legitimidad electoral en un mandato casi ilimitado, se activa precisamente el patrón que Linz describía. La retórica de resistencia permanente, lo vemos en el discurso al congreso (“no desistir” más veces repetido), la apelación a un mandato superior que trasciende los contrapesos institucionales, o sea más allá de la separación de los poderes, son elementos que evidencian la quiebra en la democracia. No implican ruptura inmediata, pero si un desplazamiento del equilibrio hacia una lógica de poder concentrado, donde la pluralidad se interpreta como obstáculo. La quiebra llega con la lenta erosión de la confianza, de las normas y de la legitimidad. Y esa erosión es la que muchos observan hoy en el Gobierno Sánchez, erosión en el parlamento y en el sistema político español.

Giovanna Lenti
Giovanna Lenti
Se graduó en filosofía en la Universidad de Estudios de Siena con una tesis sobre "Carl Schmitt, la guerra, el enemigo, el derecho internacional", nombrada doctora en historia de la filosofía política tiene artículos publicados en la revista italiana de psicología e historia militar sobre el dualismo amigo/enemigo y la guerra justa. Desde 2015 colabora con la Fundación de Historia de la Ciencia de La Orotava en Tenerife, publicando para la fundación ensayos sobre Aristóteles, Carl Schmitt, Pablo de Tarso, Ortega y Gasset y Cristóbal Colón. En lengua italiana ha publicado para Aracne "Pablo de Tarso: el origen político del cristianismo" y varios artículos para OIKOS sobre el nacionalismo catalán y los vientos patrióticos europeos. desde el 2020 colaboradora del periódico italiano Leggo Tenerife, desde 2021 es colaboradora fija y comentarista del programa radiofónico de actualidad política "La tertulia de los miércoles" en Tenerife; ha publicado en el 2023 para La Bussola, Destino político in Machiavelli e Ortega y Gasset.
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