Sin apellidos, la palabra estrella ha sido siempre sinónimo de “actor”, y a su vez lo ha sido siempre de glamour, elegancia y elitismo. Sobre una alfombra amarilla de 100 metros, tendida con impecable atención a su impoluticidad sobre el Recinto Ferial de Santa Cruz de Tenerife, decenas de estrellas se alzan a lucir sus trajes, excéntricos pero reinventores, y a contestar preguntas de los diversos medios alzados al otro lado del photocall. Ese, y cualquier otro no recibiría este nombre, fue el inicio de la primera edición de los Anillos de Oro, reconocimientos de primera categoría entregados a las más excelentes series españolas, del que nuestra ciudad tuvo el privilegio de presenciar su nacimiento.
No obstante, la mayor aventura que el séptimo arte español ha vivido en las islas no comenzó con el mencionado photocall, como tampoco lo hizo con grandes aglomeraciones de ansiosos reporteros y jóvenes promesas. Por el contrario, comenzó el viernes 19 en el Hotel Mencey, donde un estruendo de aplausos fue oído tras la llegada del mítico actor de cine y series, Antonio Resines. Con su llegar, llegaron también a la mente de todos los presentes recuerdos de toda una vida, disfrutando de las andadas de su personaje en “Los Serrano” desde el mismo salón de nuestras casas. Resines, rápido, astuto y pícaro se asentó junto a Marta Gónzalez de la Vega, célebre actriz y guionista de la saga de “Padre No Hay Más Que Uno”, además de junto a periodistas, políticos locales y señores de la industria cinematográfica. Durante un largo rato estuvieron ambas personalidades manteniendo una conversación absolutamente natural, propia de una reunión privada entre ambos, frente a su público de cerca de 50 personas. Al terminar, se abrió el turno de preguntas, y tuve la oportunidad de disparar con una que le arrancó una respuesta de casi 10 minutos al respecto de cómo la IA afecta hoy día a la industria que tanto ama. Una pregunta más tarde y, airado entre aplausos pero por supuesto sin sonreír, Resines escapó más pronto que tarde de la rueda de prensa.
Al día siguiente, que conste, diversos medios nacionales señalarían como noticia principal del día la respuesta que le dio a la pregunta formulada por nosotros.
Y al igual que como estrella fugaz Resines se marchó de aquella sala tras haberla coronado, pasaron las horas que faltaban hasta que, en la primera fiesta de nominados de los Anillos, los camaleónicos artistas, en más de una ocasión emperifollados con los más a priori absurdos trajes de gala, conquistaron la alfombra roja tendida sobre el jardín del mismo Hotel. Tras haber sido recibidos por una oleada de decenas de flashes tras cuya luz se encontraban los gritos de admiración de la prensa, buscando siempre el mejor ángulo de imagen, los nominados iban pasando a la inmensa terraza del Hotel, donde durante varias horas continuarían indistintamente celebrándose entrevistas y pequeñas ruedas de prensa particulares para algunos medios.
La noche transcurrió entre copas y risas, todo ello maridado siempre con una DJ, (quien era también nominada) dispuesta a darlo todo por el alma de la fiesta. Sin embargo, todo esto no era sino una forma de evadir los nervios de lo que acontecería al día siguiente, cuando tres horas después de la citación de prensa, los mismos nominados del viernes comenzarían a pasar nuevamente por el photocall, para directamente entrar en la sala en que descubrirían quienes habían resultado verdaderamente ganadores.
El sábado, El Burgado se las ingenió para entrevistar a prácticamente todos quienes pisaron la alfombra, logrando así que idolatradas personalidades como Santi Millán, Fele Martínez o el mismísimo Antonio Resines sujetasen orgullosamente en mano el micrófono del medio. En palabras del propio Santi, “Sigan a El Burgado. Pero no a cualquiera: al digital”.
Tras la alfombra roja y el photocall y la publicidad y la prensa y la fama y la virtuosa egolatría del actor, (de la que en muchas ocasiones resulta pertinente echar un trago para mantenerse dentro de la industria) confirmamos una vez más la presencia de un negocio profundamente humano, dominado tanto por el arte y la política como por el arte y la dimensión de lo intelectual.






