Anthropic ha acusado formalmente al gigante tecnológico chino Alibaba de orquestar la mayor campaña conocida hasta la fecha para acceder de forma ilícita a su modelo de inteligencia artificial Claude. La denuncia se plasmó en una carta enviada a varios senadores estadounidenses y a funcionarios de la Casa Blanca.
Según la empresa, operadores vinculados al laboratorio de IA Qwen, perteneciente a Alibaba, generaron casi 25.000 cuentas fraudulentas que acumularon más de 28,8 millones de interacciones con Claude entre el 22 de abril y el 5 de junio de 2026. La técnica empleada es la llamada «destilación adversaria»: un proceso en el que se usan las respuestas generadas por un modelo avanzado para entrenar sistemas propios a un coste muy inferior, replicando capacidades sin asumir los gastos de investigación e infraestructura que requiere desarrollarlas desde cero.
La campaña apuntó específicamente a las capacidades más valiosas de Claude, entre ellas la ingeniería de software, el razonamiento automatizado y la planificación de tareas a largo plazo. En la propia carta, Anthropic lo describe con claridad: «Estos ataques de destilación se llevan a cabo de forma ilícita, sistemática y a escala industrial para apropiarse de las capacidades de IA estadounidenses y reempaquetarlas como propias sin incurrir en los costes de formación e I+D necesarios».
No es la primera vez que Anthropic denuncia esta práctica por parte de laboratorios chinos. En febrero ya había señalado a DeepSeek, Moonshot y MiniMax por haber generado conjuntamente 16 millones de interacciones con Claude mediante 24.000 cuentas fraudulentas. El caso de Alibaba supera en escala a todos los anteriores.
Las acciones de Alibaba cayeron hasta un 4,8% en Hong Kong al conocerse la noticia. La empresa no respondió a las acusaciones y mantiene una batalla judicial paralela contra el Departamento de Defensa estadounidense, que la incluyó en una lista negra por supuestos vínculos con el Ejército Popular de Liberación.
En Washington, legisladores demócratas y republicanos trabajan en iniciativas para sancionar o incluir en listas negras a empresas chinas que utilicen de forma indebida los resultados de modelos estadounidenses con fines de entrenamiento. Anthropic, OpenAI y Google han comenzado además a compartir información entre sí sobre intentos de acceso que vulneran sus políticas. El caso abre un nuevo frente en la guerra tecnológica entre ambas potencias: ya no solo se discute quién controla los chips o los centros de datos, sino también a quién pertenecen las respuestas que genera un modelo de inteligencia artificial.






