La OTAN asume que Europa deberá cubrir el vacío que dejará Estados Unidos en su progresivo repliegue militar del continente. El secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, ha defendido este cambio estratégico y lo ha presentado como una evolución lógica de la organización, asegurando que resulta “peculiar” que Europa siga necesitando la ayuda de un aliado situado “a ocho horas de vuelo” para garantizar su propia seguridad.
La cuestión ha centrado la reunión de ministros de Defensa celebrada en Bruselas, donde los 32 países miembros han comenzado a preparar la cumbre prevista para julio en Ankara. El objetivo es redefinir el reparto de responsabilidades ante la decisión de Washington de concentrar más recursos militares en la región del Indo-Pacífico y reducir parte de sus capacidades convencionales destinadas a Europa.
Rutte ha querido rebajar la preocupación entre los aliados y ha insistido en que no se trata de un abandono estadounidense. Según ha explicado, Estados Unidos mantendrá su compromiso político y su paraguas nuclear, pero los países europeos deberán asumir una mayor carga en las tareas defensivas que hasta ahora dependían en gran medida de Washington.
El reajuste afectará a recursos estratégicos como aviones de combate, aeronaves de reabastecimiento, capacidades navales, inteligencia, vigilancia y transporte logístico, elementos fundamentales para la capacidad de respuesta de la OTAN en caso de crisis. La sustitución de estos medios requerirá inversiones multimillonarias y una coordinación mucho más estrecha entre los socios europeos y Canadá.
La Alianza reconoce que el proceso será gradual y que todavía existen importantes carencias operativas. Varios países ya han presentado propuestas para incrementar su aportación militar, aunque la adaptación exigirá años de planificación y una profunda reorganización de las estructuras defensivas europeas.
Este nuevo escenario se enmarca además en el compromiso adquirido por los aliados para elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB en 2035, una exigencia impulsada por Washington que ha generado tensiones políticas en varios gobiernos europeos.






