La 52 cumbre del G7 se celebró entre el 15 y el 17 de junio en Évian-les-Bains, a orillas del lago Lemán, bajo presidencia francesa, con Emmanuel Macron como anfitrión. Tres grandes asuntos dominaron la agenda: el acuerdo con Irán, la guerra de Ucrania y la recomposición de la relación entre Trump y sus aliados occidentales.
Los líderes respaldaron el acuerdo provisional alcanzado por Trump con Teherán y lo calificaron de oportunidad histórica para impedir que Irán adquiera armas nucleares y para abordar sus actividades regionales y balísticas. Francia se comprometió a desplegar con rapidez su portaaviones Charles de Gaulle y varias fragatas y buques desminadores para proteger el tráfico comercial en el estrecho de Ormuz, cuya reapertura total Trump prometió para el viernes.
En cuanto a Ucrania, los mandatarios del G7 acordaron aumentar la presión sobre Rusia mediante nuevas sanciones a su gas y petróleo, la principal fuente de financiación del esfuerzo bélico de Moscú. Zelenski se desplazó a Évian el martes y mostró a los líderes imágenes del ataque ruso que incendió una catedral histórica de Kiev. Trump, que llegó a la cumbre después de haber rechazado la propuesta de Zelenski de un encuentro con Putin, indicó que tenía intención de hacer algo sobre la guerra y advirtió al Kremlin de que Rusia debería llegar a un acuerdo.
La cumbre sirvió para escenificar un deshielo significativo en la relación entre Trump y sus principales aliados occidentales respecto a Ucrania, después de meses en que la atención de Washington estuvo concentrada en Oriente Próximo. La dinámica general de la cita fue de menos consenso estructural y más diplomacia personal, con los líderes europeos evitando choques abiertos con la Casa Blanca y priorizando la estabilidad estratégica sobre las discrepancias de fondo.






