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martes, 24 marzo,2026

¿Por qué la central de Granadilla sigue siendo insustituible?

La reciente modificación de la autorización ambiental de la Central Térmica de Granadilla, publicada en el Boletín Oficial de Canarias, no ha generado grandes titulares.

Tampoco explicaciones detalladas, pero detrás de ese trámite técnico hay una realidad incómoda que rara vez se dice en voz alta: Tenerife no puede prescindir de esta central.

Al menos, no todavía.

Granadilla no es una central más, e. s una de las instalaciones que garantizan que la isla tenga electricidad las 24 horas del día. Y eso, en un sistema aislado como el canario, es una responsabilidad crítica.

A diferencia de la península, Tenerife no puede apoyarse en una red eléctrica más amplia. No hay un “plan B” externo. Si falla la generación interna, no hay de dónde traer energía.

En ese contexto, las centrales térmicas cumplen una función que las renovables aún no pueden cubrir por completo: producir energía de forma constante, controlable y en cualquier momento.

Renovables sí, pero no suficientes

El discurso institucional insiste, con razón, en la transición energética. Más eólica, más fotovoltaica, menos emisiones. Pero la realidad del sistema eléctrico es más compleja.

Las renovables en Tenerife dependen del viento y del sol, no producen de forma continua y necesitan respaldo cuando fallan. Y ese respaldo, hoy, sigue siendo fósil.

Sin sistemas de almacenamiento masivo plenamente operativos o sin tecnologías firmes alternativas, apagar Granadilla no sería un gesto simbólico. Sería un riesgo real para el suministro.

Por eso la resolución publicada, aunque se presente como una simple actualización técnica —ajustes de emisiones, condiciones operativas o requisitos ambientales—, tendrá otro efecto real, más mundano: permitir que la central siga funcionando dentro de la legalidad actual.

Vamos, que se adapta para continuar. La paradoja energética de Canarias.

La paradoja del modelo

Aquí aparece la gran contradicción. Canarias quiere avanzar hacia un modelo renovable, pero necesita mantener centrales térmicas para sostener el sistema mientras ese cambio no se completa.

El resultado es un equilibrio difícil, ya que se impulsa la transición pero se refuerza la base fósil.

Granadilla es el mejor ejemplo de esa tensión, pero la pregunta clave no es si la central es imprescindible hoy, porque lo es, sino por qué sigue siéndolo.

Es así porque un sistema energético que depende durante décadas de centrales térmicas no solo refleja una limitación técnica, sino también una planificación incompleta o demasiado lenta.

El almacenamiento no llega a tiempo, las renovables no cubren la demanda base y la red sigue necesitando respaldo constante.

Un futuro condicionado por el presente

La modificación de la autorización ambiental no cambia el modelo, pero sí lo consolida. Extiende su vida útil de facto, aunque no lo diga explícitamente.

En definitiva, que Granadilla seguirá ahí porque el sistema la necesita. Casi que no es una elección política, sino una necesidad estructural, y esa es la verdadera noticia.

Porque mientras no se resuelvan las carencias del sistema eléctrico insular, la transición energética seguirá teniendo un límite claro, la imposibilidad de apagar lo que todavía no se puede sustituir.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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