Adeje acoge estos días nuevas jornadas sobre sostenibilidad, economía azul y economía circular. Sobre el papel, conceptos impecables.
En la práctica, un debate cada vez más urgente, la duda de saber si Canarias puede sostener su modelo turístico sin cambiarlo de verdad.
Las jornadas internacionales celebradas en el sur de Tenerife reúnen a especialistas, empresas y administraciones para hablar de eficiencia energética, reducción de residuos o gestión sostenible del agua. Todo ello bajo el paraguas de la llamada economía azul, un concepto que busca aprovechar los recursos marinos sin comprometer su futuro.
El problema no es la teoría. El problema es la escala.
Canarias recibe millones de turistas al año, concentra su actividad económica en el litoral y depende de infraestructuras intensivas en consumo de agua, energía y territorio. En ese contexto, aplicar principios de sostenibilidad no es una cuestión técnica, sino estructural.
Adeje no es un lugar elegido al azar. Es uno de los grandes motores turísticos de Tenerife y, al mismo tiempo, uno de los espacios donde más evidente se hace la presión sobre el territorio.
Hoteles, complejos turísticos, movilidad, consumo energético… todo gira en torno a un modelo que, aunque rentable, plantea dudas crecientes sobre su sostenibilidad a largo plazo.
El debate ya no es si el turismo debe ser más sostenible. Eso está asumido. El debate es otro: hasta qué punto el modelo actual permite serlo sin limitar su crecimiento.
Economía azul: entre la oportunidad y el marketing
La economía azul se presenta como una solución. Turismo responsable, energías limpias, protección de ecosistemas marinos. Un concepto que encaja perfectamente con la imagen que Canarias quiere proyectar hacia el exterior.
Pero también existe el riesgo de que se convierta en una etiqueta.
Porque aplicar de verdad este modelo implica decisiones que van más allá de instalar placas solares o reducir plásticos. Implica repensar la capacidad de carga del territorio, la gestión del agua o incluso el volumen de visitantes.
Y ahí es donde el discurso empieza a tensarse.
La presión de Europa y el factor económico
No es casual que este tipo de encuentros se multipliquen. Europa empuja hacia modelos sostenibles y condiciona cada vez más la financiación a criterios ambientales.
Para Canarias, esto abre una oportunidad: atraer inversión, posicionarse como destino avanzado y adaptarse a las nuevas exigencias del mercado turístico.
Pero también introduce una contradicción: la sostenibilidad no siempre es inmediata ni barata, mientras que el modelo actual sigue generando ingresos a corto plazo.
El Archipiélago se mueve en ese equilibrio. Por un lado, la necesidad de evolucionar hacia un modelo más sostenible. Por otro, la dependencia de un sistema que funciona económicamente, pero que empieza a mostrar signos de desgaste.
Las jornadas de Adeje reflejan precisamente esa tensión: una voluntad clara de avanzar, pero sin una hoja de ruta completamente definida sobre cómo hacerlo sin afectar al motor económico de las islas.
Más allá del relato
La sostenibilidad ya no es una opción, es una exigencia. Pero la clave no está en el concepto, sino en su aplicación real.
Reducir consumo, mejorar eficiencia o proteger el entorno son pasos necesarios, pero probablemente insuficientes si no van acompañados de decisiones más profundas.
Porque la pregunta de fondo sigue ahí: ¿puede Canarias seguir creciendo turísticamente y, al mismo tiempo, ser sostenible?
De momento, la respuesta sigue construyéndose en foros como el de Adeje. Pero el verdadero test no está en los discursos, sino en lo que ocurra fuera de ellos.







