El Gobierno de Estados Unidos ha decidido permitir la adquisición de cargamentos de petróleo ruso que se encontraban inmovilizados en el mar, una medida que ha provocado una reacción de rechazo entre los principales mandatarios europeos. El canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, critican esta decisión de Washington al considerar que debilita la estrategia de sanciones y compromete el respaldo a Ucrania en una fase determinante del conflicto.
Para el canciller alemán, representante de la corriente más atlantista en el continente, la autorización estadounidense rompe la unidad de acción necesaria para mantener la presión económica sobre Moscú. Merz ha advertido de que permitir que estos suministros entren en el mercado global supone una vía de financiación directa para el esfuerzo bélico del Kremlin. Esta postura coincide con la de António Costa, quien ha manifestado que la iniciativa socava los esfuerzos diplomáticos realizados por la Unión Europea para reducir la dependencia energética de Rusia.
La Casa Blanca justifica la medida alegando la necesidad de estabilizar los precios internacionales de la energía y evitar un desabastecimiento que afecte a la economía global. Según la administración de Donald Trump, se trata de una solución práctica para gestionar el crudo ya extraído y varado que, de otra forma, podría generar riesgos logísticos y medioambientales. Sin embargo, en Bruselas y Berlín la interpretación es política: se percibe como una concesión que fractura el bloque occidental y envía señales contradictorias a Kiev.
La decisión de Washington obliga ahora a los socios de la OTAN a revisar su coordinación interna ante el temor de que esta medida sea solo el primer paso hacia una reconfiguración más profunda de la política de sanciones.







