Si hay un indicador que resume las debilidades estructurales de la economía canaria es el desempleo. Aunque la situación ha mejorado en la última década, el Archipiélago continúa muy lejos de los niveles de empleo de Europa y sigue arrastrando una brecha significativa incluso respecto al conjunto de España.
En 2024, la tasa de paro en Canarias se sitúa en torno al 13,8%, por encima del promedio nacional, que ronda el 11,3%, y muy lejos de la media de la Unión Europea, situada en torno al 5,9%. La distancia no es menor: en términos comparativos, el desempleo en Canarias duplica prácticamente el nivel europeo.
Aun así, los datos también reflejan una evolución positiva en la última década. Desde 2014 el Archipiélago ha logrado reducir su tasa de paro de forma considerable, en torno a un 57%, una de las mayores caídas registradas entre las Regiones Ultraperiféricas de la Unión Europea.
Sin embargo, esa mejora no ha sido suficiente para cerrar la brecha estructural con las economías más avanzadas.
La comparación con otras RUP
Dentro del conjunto de las regiones ultraperiféricas europeas, Canarias ocupa una posición intermedia. Azores y Madeira presentan una situación laboral notablemente más favorable. En ambas regiones portuguesas, el desempleo ronda el 5,6%, incluso por debajo de la media nacional de Portugal.
En el otro extremo aparecen algunas regiones francesas de ultramar, donde el paro alcanza niveles muy superiores. En territorios como Mayotte o San Martín, las tasas de desempleo superan con creces el 30%.
Este contraste refleja que la ultraperiferia no determina por sí sola los resultados del mercado laboral. Las políticas económicas, la estructura productiva y el tejido empresarial desempeñan un papel decisivo.
El peso del modelo económico
La economía canaria genera empleo, pero gran parte de ese empleo se concentra en actividades vinculadas al sector servicios, especialmente al turismo. Este sector es capaz de absorber mano de obra en periodos de expansión económica, pero también presenta limitaciones estructurales.
Muchos de los puestos creados se caracterizan por salarios relativamente bajos, alta rotación laboral y una fuerte dependencia del ciclo turístico. Cuando el turismo crece, el empleo aumenta; cuando se producen crisis internacionales, la destrucción de puestos de trabajo puede ser rápida y pronunciada.
La crisis financiera de 2008 y, más recientemente, la pandemia de 2020 demostraron hasta qué punto la economía canaria es vulnerable a shocks externos.
Otro elemento que explica la persistencia de la brecha laboral es la productividad. En términos generales, los sectores predominantes en la economía canaria generan menos valor añadido por trabajador que las actividades industriales o tecnológicas.
Esto se traduce en salarios más bajos y en menores incentivos para la inversión en innovación o formación.
Además, una parte relevante del empleo se concentra en pequeñas empresas o microempresas con capacidad limitada para invertir en capital humano o tecnológico.
El resultado es un mercado laboral dinámico en términos de contratación, pero con dificultades para generar empleo estable y de alta cualificación.
Desde hace décadas
El desempleo elevado no es un fenómeno reciente en Canarias. Históricamente, la comunidad autónoma ha mantenido tasas de paro superiores a la media nacional, incluso en periodos de crecimiento económico.
El problema, por tanto, no se limita a una coyuntura determinada, sino que refleja una estructura productiva que genera menos empleo estable y productivo que otras economías europeas.
Reducir esta brecha exige cambios que van más allá del mercado laboral. Implica diversificar la economía, impulsar sectores de mayor valor añadido y mejorar la formación y cualificación de la población activa.
En los próximos años, Canarias tendrá que afrontar una doble transformación. Por un lado, continuar reduciendo el desempleo; por otro, mejorar la calidad del empleo generado.
Porque el reto no es únicamente crear puestos de trabajo, sino garantizar que esos empleos permitan reducir la pobreza, mejorar los salarios y acercar la economía canaria a los niveles de productividad europeos.
Mientras esa transformación no se produzca, el desempleo seguirá siendo uno de los principales indicadores de la distancia que separa a Canarias del resto de Europa.







