El contingente de quince oficiales alemanes que formaba parte de la misión exploratoria en Groenlandia ha abandonado este domingo la isla ártica con destino a Copenhague. El mando militar alemán ha dado por concluida la operación tras asegurar que se han alcanzado los objetivos marcados, un movimiento que se produce apenas veinticuatro horas después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazara con imponer aranceles del 10 por ciento a los productos alemanes si Berlín interfería en sus pretensiones de compra sobre el territorio.
Según ha informado un portavoz del comando militar a la agencia Reuters, la exploración ha discurrido de acuerdo a lo previsto y los resultados obtenidos se analizarán ahora en Alemania para determinar los siguientes pasos. Desde el Ministerio de Defensa germano se ha querido subrayar que la misión no se ha interrumpido de forma abrupta, sino que ha finalizado su cometido técnico de reconocimiento. Con esta salida, Berlín intenta rebajar la tensión con la Casa Blanca, que el pasado sábado incluyó a Alemania en una lista negra de ocho países europeos castigados comercialmente por su presencia o apoyo a la soberanía danesa en la isla.
La salida de los oficiales, liderados por expertos en logística y defensa, pone fin a una estancia que había sido calificada por Washington como una provocación innecesaria en lo que Trump considera su zona de influencia estratégica. Aunque la versión oficial de la Bundeswehr insiste en la planificación previa del regreso, el repliegue coincide con un momento de máxima vulnerabilidad para la economía alemana, muy dependiente de sus exportaciones al mercado estadounidense y amenazada ahora por una guerra arancelaria que podría agravar su crisis industrial.
El Gobierno de Dinamarca ha mantenido una discreción absoluta sobre la partida de sus aliados alemanes, mientras que el resto de los países señalados por Trump, como Francia o el Reino Unido, observan con cautela el movimiento de Berlín. La retirada de estos quince efectivos supone, en la práctica, un alivio para la diplomacia alemana, que busca evitar a toda costa una confrontación directa con la Administración Trump que ponga en riesgo los intereses de sus grandes corporaciones, a pesar de las críticas internas que acusan al Ejecutivo de Friedrich Merz de haber cedido demasiado rápido ante el chantaje del mandatario norteamericano.







