La glorieta y enlace de Padre Anchieta, en La Laguna, es uno de los puntos más sensibles de la movilidad del área metropolitana de Tenerife.
No solo conecta la TF-5 con la ciudad universitaria y el intercambiador, sino que concentra flujos de tráfico, transporte público y peatones en un espacio limitado. Por eso, la pasarela peatonal asociada al enlace nació con un objetivo claro, separar los movimientos peatonales del tráfico rodado, reducir retenciones y mejorar la seguridad.
Sin embargo, el proyecto ha acumulado retrasos sucesivos que han convertido su ejecución en un símbolo de frustración cotidiana.
Una cronología marcada por prórrogas
La obra fue adjudicada en octubre de 2021 a Obras Huarte Lain (OHL) por 8,8 millones de euros, según la información publicada por el Cabildo y medios. Desde ahí, el calendario previsto empezó a deslizarse.
En 2024 ya se hablaba de retrasos relevantes respecto a los plazos inicialmente anunciados, y en febrero de 2025 el Cabildo admitía que, aunque formalmente se manejaba una fecha (abril de 2025), las dificultades en fabricación y transporte hacían probable un desplazamiento del final de obra hacia septiembre.
El episodio más ilustrativo llegó en octubre de 2025, cuando se comunicó un nuevo aplazamiento: la pasarela no estaría plenamente operativa hasta febrero de 2026, al depender la puesta en servicio de la llegada e instalación de piezas clave para completar conexiones.
Por qué se retrasa
Los motivos que se repiten en la explicación pública de los retrasos son, principalmente, tres:
- Complejidad técnica y modularidad. La pasarela no es un puente convencional: se compone de módulos metálicos de gran tamaño que requieren fabricación especializada y un montaje milimétrico, con afecciones al tráfico y ventanas de obra muy ajustadas.
- Problemas de fabricación y transporte. En distintas comunicaciones se ha señalado que parte de los retrasos se explica por dificultades en la fabricación de piezas y su traslado. Incluso se ha vinculado alguna demora al impacto de la guerra en el transporte de mercancías, como factor que tensionó plazos y suministros.
- Dependencias de una pieza final. Este tipo de obras “en cadena” tiene una vulnerabilidad estructural: si un módulo crítico no llega o no puede instalarse en la ventana prevista, el conjunto queda incompleto y la obra no puede entrar en servicio con normalidad, aunque el avance global sea alto. Ese fue el argumento de octubre de 2025: la puesta en marcha se condicionaba a la llegada de la última pieza y a su instalación para completar conexiones.
En paralelo, se han citado incrementos presupuestarios por modificaciones y sobrecostes, mientras que la información institucional más reciente ha hablado de una inversión en el entorno de 10 millones de euros.
Cuello de botella que se cronifica
El coste real de los retrasos no se mide solo en meses de obra, sino en movilidad degradada día tras día. En el entorno de Padre Anchieta confluyen más de 50.000 vehículos al día y alrededor de 20.000 peatones, con un peso notable de la comunidad universitaria.
La situación previa obliga a muchos cruces a nivel, lo que genera paradas constantes, retenciones y exposición al riesgo.
La obra pretende precisamente sacar al peatón del plano del tráfico. Cuando esa solución se retrasa, se prolonga el escenario que la motivó: colas recurrentes en accesos, pérdida de regularidad del transporte público y mayor fricción entre coche, guagua, tranvía y peatón.
Los impactos han sido también operativos. A finales de 2025, por ejemplo, TITSA comunicó el cierre temporal del Intercambiador de La Laguna en dos tardes concretas por trabajos vinculados a la pasarela, desviando la operativa de líneas a paradas alternativas. Es un ejemplo pequeño pero revelador: la obra no solo congestiona, también introduce incertidumbre logística en el principal nodo de guaguas del municipio.
El atasco estructural de la TF-5 y su entorno no depende solo de Padre Anchieta, pero este enlace es uno de sus puntos más sensibles. En enero de 2026, la DGT realizó pruebas para instalar semáforos de regulación de accesos entre Guamasa y Padre Anchieta para aliviar la saturación del tramo: una medida que se ha descrito como “parche necesario” para lograr un flujo más continuo y reducir retenciones por entradas desordenadas.
El hecho de que se recurra a estas soluciones temporales refuerza el diagnóstico: mientras la pasarela y la reorganización definitiva no estén plenamente operativas, el área seguirá funcionando en modo contingencia.
El fondo del problema
Reducir minutos de atasco importa, pero el núcleo de Padre Anchieta es también un asunto de seguridad peatonal y fiabilidad del transporte público.
Una infraestructura concebida para ordenar miles de cruces diarios pierde parte de su valor si se entrega tarde, porque durante ese tiempo la ciudad paga el precio en forma de congestión, estrés operativo y riesgo.
Cada prórroga prolonga una realidad que todos los usuarios conocen: en La Laguna, el enlace de Padre Anchieta no es solo una glorieta; es un embudo.







