El Kremlin ha calificado como un notable avance la voluntad expresada recientemente por los líderes de las principales potencias del Viejo Continente para reanudar los contactos directos con el presidente Vladímir Putin. Esta reacción oficial se produce tras las señales enviadas por Francia, Alemania e Italia, cuyos gobiernos parecen haber virado hacia una postura que prioriza el diálogo para alcanzar un arreglo pacífico en la guerra de Ucrania.
Durante su comparecencia telefónica diaria ante la prensa, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha subrayado que la mera disposición a sentarse a la mesa con Rusia supone un cambio significativo respecto a la política de aislamiento diplomático que ha imperado en los últimos años. Bajo nuestro punto de vista, eso es ya un notable avance, ha afirmado Peskov, respondiendo de forma específica a las consultas sobre la postura favorable de París, Berlín y Roma de retomar los canales de comunicación en busca de una estabilidad duradera para Europa.
A pesar del optimismo matizado de la presidencia rusa, Peskov ha querido enfriar las expectativas de una resolución inmediata. Moscú sostiene que cualquier conversación debe partir de la base de lo que denominan realidades territoriales, una condición que hasta ahora ha sido el principal escollo para Kiev y sus aliados. Para el Kremlin, este cambio de actitud en los líderes europeos responde a una creciente fatiga social y económica en las capitales de la Unión, así como a la comprensión de que no existe una arquitectura de seguridad posible en el continente que excluya a la Federación de Rusia.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, con su promesa de poner fin al conflicto en veinticuatro horas, y el reciente encuentro entre el mandatario estadounidense y el propio Putin, han acelerado los tiempos en Bruselas. Francia e Italia parecen decididas a no quedar al margen de una negociación que podría decidirse entre Washington y Moscú, mientras que Alemania busca desesperadamente una salida que alivie su crisis energética e industrial.
Desde el Kremlin insisten en que Putin nunca ha rechazado el diálogo, pero advierten de que la reanudación de las llamadas telefónicas o las visitas oficiales debe traducirse en propuestas concretas que atiendan a las exigencias de seguridad rusas.







