Tenerife se ha convertido en el epicentro del fenómeno de las mascotas en Canarias. No es solo una impresión urbana —más perros paseando que carritos de bebé (¡incluso perros en carritos de bebé)—, sino una realidad que se sustenta en registros oficiales y datos veterinarios.
La isla concentra la mayor población de animales de compañía del Archipiélago y, con ella, una demanda creciente de servicios y productos que ha impulsado un sector económico de alto valor añadido.
El principal indicador es el Registro Canario de Identificación Animal (Zoocan), gestionado por los colegios veterinarios. Según los datos consolidados más recientes, Tenerife cuenta con más de 230.000 perros identificados y más de 60.000 gatos, cifras que la sitúan claramente por delante del resto de islas.
Gran Canaria aparece en segundo lugar, mientras que islas como Lanzarote, Fuerteventura o La Palma quedan a notable distancia en volumen absoluto. Esta concentración convierte a Tenerife en el principal mercado canario para clínicas veterinarias, tiendas especializadas y servicios asociados.
Mismos perros que niños
Más allá del número total, lo que llama la atención es la relación entre mascotas y población humana. En 2022, análisis basados en registros de microchips y datos demográficos mostraban que, en Tenerife, el número de perros censados era comparable —e incluso superior— al de menores de entre 0 y 14 años, una situación que se repetía en los 31 municipios de la isla.
Aunque los expertos advierten de que no todos los animales están registrados y de que las bajas no siempre se actualizan, la tendencia es clara: la estructura demográfica (baja natalidad, envejecimiento) convive con un parque de mascotas muy elevado.
Este contexto explica la proliferación de clínicas veterinarias, peluquerías caninas y tiendas de mascotas en prácticamente todos los núcleos urbanos y turísticos de la isla.
Factores que influyen
Tenerife reúne varios factores que refuerzan el fenómeno: alta densidad poblacional, peso del turismo residencial, mayor renta disponible en determinadas zonas y una creciente “humanización” de los animales de compañía, considerados cada vez más como miembros de la familia. El resultado es un consumo recurrente y poco estacional.
El impacto económico es significativo. Estudios sectoriales citados por la prensa económica sitúan el gasto medio anual por mascota en España por encima de los 1.700 euros, sumando alimentación, veterinaria, higiene, seguros y accesorios.
Aplicado a la escala tinerfeña, ese volumen de animales identificados se traduce en decenas de millones de euros anuales que sostienen un tejido empresarial diverso, desde pequeñas clínicas de barrio hasta cadenas especializadas y distribuidores de productos premium.
La comparación con el resto del Archipiélago refuerza el papel tractor de Tenerife. Aunque todas las islas han visto crecer sus registros de animales de compañía, es en Tenerife donde el fenómeno alcanza mayor intensidad y continuidad, tanto en número de mascotas como en densidad de servicios por habitante.
Por todo esto, en Tenerife el debate sobre si hay “más perros que hijos” no es solo una curiosidad demográfica, es el reflejo de un cambio social profundo que ha dado lugar a un negocio millonario, estable y en expansión, que ya forma parte estructural de la economía insular.







