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jueves, 15 enero,2026

El centro se harta de las colas de El Pilar: “Todo ha sido un despropósito”

La calle del Pilar, una de las arterias más relevantes y sensibles del centro de Santa Cruz de Tenerife, se ha convertido en un termómetro del malestar ciudadano tras la fallida implantación del carril bici.

Las colas, especialmente durante la mañana, se han vuelto una imagen recurrente: coches detenidos, bocinazos, frenazos y un efecto dominó que termina afectando a la circulación en el entorno.

Atrapados en la ordenación

El problema, según relatan vecinos y trabajadores de la zona, no es solo el tráfico en sí, sino la sensación de haber quedado atrapados en una reordenación a medias: se redujo capacidad para implantar un carril bici segregado que finalmente no llegó a entrar en funcionamiento y, tras su bloqueo judicial, la calle ha vivido meses de ajustes y cambios sin un modelo estable.

El origen de este escenario se remonta a la implantación del carril bici en el centro, vinculada a una estrategia municipal de movilidad que acabó chocando con la Justicia.  Tras anularse la ordenanza que sustentaba parte de la reordenación, el Ayuntamiento se vio obligado a paralizar la obra y a replantear elementos que ya habían alterado la sección viaria.

En El Pilar, el resultado ha sido una configuración que, según los usuarios, no termina de encajar ni con el flujo de tráfico ni con las necesidades logísticas de una calle donde la carga y descarga, las paradas y los giros forman parte del día a día.

“Por la mañana esto es un poema”, resume un comerciante del entorno El Pilar–San Clemente. “La gente llega, ve la cola, pita dos veces y dice ‘paso’. Y es que lo entiendo: entre que no sabes bien por dónde se va, que si un carril sí, un carril no… al final el cliente viene ya de mala leche o ni entra”.

La lectura, desde el comercio, es que sí, el centro vive del tránsito a pie, pero necesita accesos funcionales. Si entrar se convierte en una odisea, parte de la clientela opta por no hacerlo.

Los vecinos, desquiciados

Desde la perspectiva vecinal, el problema tiene también un componente de convivencia. “Lo peor no es solo el atasco, es el día a día y las pitas constantes. Se nota que la gente se pone de mal humor”, explica una residente.

“A las ocho y pico ya tienes coches parados, acelerones, bocinas… y tú con las ventanas cerradas porque entra el humo. Y encima, cada cierto tiempo cambian algo: que si unas vallas, que si ahora se quitan, que si señalización nueva”. La queja no se queda en el embotellamiento, sino en el desgaste de vivir con una calle en transición permanente.

Esa transición se nota especialmente en el trabajo diario de los repartidores. “Como se estrecha y hay paradas, carga y descarga, y coches que se paran ‘un momentito’, a la mínima se bloquea todo”, cuenta un transportista urbano.

“No es por mala fe: es que la calle no perdona. Si no hay un espacio bien organizado para descargar, el sistema se cae”. En una vía corta y estratégica, bastan pocos minutos de ocupación indebida para generar un tapón que se multiplica.

Qué decir del transporte público

El transporte público tampoco queda al margen. Un conductor de guagua lo describe en términos de regularidad: “En hora punta El Pilar te rompe el horario. Tú vienes bien y, de repente, te comes dos semáforos seguidos sin moverte. Luego vas arrastrando el retraso toda la línea y se te juntan las paradas”.

El problema, en este caso, no es solo para quienes conducen, sino para los usuarios que dependen de la puntualidad.

La crítica más dura llega desde el taxi, pero conecta con una percepción general: la improvisación. “Esto ha sido un ‘vamos probando’ y así no se puede”, afirma un taxista.

“Primero te quitan carriles para un carril bici que al final ni se usa, luego lo dejan a medias, luego lo cambian otra vez… y mientras tanto, el centro colapsado. Aquí lo que falta es que el Ayuntamiento se siente, decida un diseño de una vez y lo ejecute bien. O que se vayan y lo haga quien sepa hacerlo”.

Es curioso, pero a día de hoy el debate en El Pilar ya no gira en torno al carril bici, sino a la gestión de la movilidad y sus efectos en el centro. Quienes viven y trabajan en la zona reclaman una solución clara porque, como resume uno de los testimonios, “lo peor no es el cambio: es la incertidumbre constante”.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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