El mercado inmobiliario en Canarias cerró 2025 con un dato contundente: el precio de la vivienda usada alcanzó máximos históricos tras subir un 10,7% en el conjunto del Archipiélago.
Esta escalada, una de las más intensas de los últimos años, se refleja con especial fuerza en la isla de Tenerife, donde el encarecimiento de la vivienda se ha consolidado como uno de los principales problemas económicos y sociales.
Según los principales índices de referencia del sector, el precio medio de la vivienda usada en Canarias se situó al cierre del año en torno a los 3.150 euros por metro cuadrado, una cifra nunca antes registrada.
En el caso de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, los precios fueron aún más elevados, con una media aproximada de 3.327 euros por metro cuadrado, tras un incremento interanual del 10,9%.
Tenerife, epicentro de la presión inmobiliaria
Dentro del contexto canario, Tenerife destaca como uno de los territorios donde la tensión del mercado es más acusada.
La isla combina varios factores que empujan al alza los precios: una demanda residencial sostenida, un fuerte atractivo para compradores nacionales y extranjeros y una oferta limitada de vivienda disponible, especialmente en los núcleos urbanos y las zonas costeras.
El encarecimiento no se ha concentrado en un único municipio, sino que se ha extendido de forma desigual por buena parte de la isla.
Municipios del norte y del área metropolitana han registrado subidas muy significativas, mientras que solo casos puntuales han mostrado ligeras correcciones. En términos generales, la tendencia es clara: comprar vivienda usada en Tenerife es hoy sensiblemente más caro que hace un año.
Causas del aumento
El fuerte incremento de precios responde a un desequilibrio estructural entre oferta y demanda.
Por un lado, la construcción de nueva vivienda no ha sido suficiente para absorber el aumento de la demanda, lastrada además por la escasez de suelo disponible y la lentitud de los procesos urbanísticos.
Por otro, Tenerife continúa siendo un destino atractivo para la inversión inmobiliaria, la segunda residencia y el asentamiento de población procedente de otras regiones y países europeos.
A este escenario se suma la competencia de otros usos de la vivienda, como el alquiler vacacional o la compra con fines de inversión, que reducen el parque disponible para la residencia habitual y presionan al alza los precios de la vivienda usada.
Impacto social y territorial
El encarecimiento sostenido de la vivienda tiene consecuencias directas en la vida cotidiana de la población tinerfeña.
El acceso a la propiedad se vuelve cada vez más complicado para jóvenes y familias con ingresos medios, ampliando la brecha entre quienes pueden comprar y quienes quedan excluidos del mercado.
Además, el aumento de precios en la compraventa repercute indirectamente en el mercado del alquiler, al elevar las expectativas de rentabilidad y trasladar la presión a las rentas mensuales. Este fenómeno contribuye a cambios en los patrones de residencia, con desplazamientos hacia zonas menos tensionadas de la isla o incluso hacia otros territorios del Archipiélago.
Aunque algunos analistas apuntan a una posible moderación del ritmo de crecimiento en 2026, la realidad insular sugiere que la presión sobre la vivienda en Tenerife seguirá siendo elevada. La rigidez de la oferta y la persistencia de la demanda hacen improbable una corrección significativa a corto plazo. Y a ver qué pasa.







