Un informe de inteligencia en manos de la DEA ha puesto bajo la lupa el vertiginoso ascenso económico de los hermanos Abou Nassif, empresarios de origen libanés vinculados estrechamente al entorno íntimo de Delcy Rodríguez. El documento, que recopila datos de colaboradores sobre el terreno, describe cómo este clan familiar consolidó una fortuna estimada en 500 millones de dólares mediante contratos estatales, justo cuando Venezuela se hundía en su crisis humanitaria más severa.
La investigación detalla que Yussef Abou Nassif y sus hermanos, Omar y Jamal, pasaron de perfiles discretos a convertirse en contratistas preferentes del Estado. Entre 2017 y 2018, coincidiendo con el encumbramiento político de los hermanos Rodríguez, el grupo obtuvo adjudicaciones por valor de 413 millones de dólares para la importación de alimentos destinados a los programas sociales CLAP. Estos contratos han sido cuestionados internacionalmente, incluso por autoridades mexicanas, debido a presuntos sobreprecios y a la baja calidad de los productos suministrados.
El emporio de los Abou Nassif no se limitó al sector alimentario. En 2019, la red se expandió hacia el sector sanitario con la venta de kits de hemodiálisis por un importe de 145 millones de euros. Lo que ha encendido las alarmas de las agencias estadounidenses es el método de pago empleado por el Estado venezolano: el uso de materias primas como petróleo crudo y fueloil para cancelar las deudas con las empresas del grupo. Este mecanismo vinculó directamente al clan con la comercialización de hidrocarburos, eludiendo los canales financieros tradicionales.
Además, mientras la población sufría graves carestías, el grupo inauguró en Caracas varios bodegones de lujo destinados a la élite, importando productos de alta gama inaccesibles para la mayoría de los ciudadanos. Estas actividades, según el informe que maneja la DEA, se desarrollaron bajo el amparo de una relación simbiótica con la cúpula del poder, facilitando el crecimiento de sociedades registradas en paraísos fiscales y jurisdicciones como Hong Kong, siguiendo un esquema de ingeniería financiera similar al de otros grandes contratistas del chavismo.
Delcy Rodríguez, que ejerce el mando tras los recientes cambios en la estructura de poder del país, se encuentra en el centro de la estrategia de la administración estadounidense. La Casa Blanca ha endurecido su retórica, advirtiendo de que el control de los recursos y la transparencia en las cuentas estatales serán condiciones indispensables para cualquier futuro acuerdo.
Desde el entorno de Rodríguez se ha rechazado sistemáticamente cualquier acusación de irregularidad, calificando las investigaciones de la DEA y de medios independientes como parte de una campaña de desprestigio internacional. Sin embargo, los documentos aportados sobre los vuelos oficiales compartidos y los vínculos mercantiles directos del clan Abou Nassif con la estructura del Estado siguen acumulando evidencias que Washington parece decidido a utilizar como palanca de presión política.







