Las guaguas urbanas de Santa Cruz sumaron casi un millón de usuarios adicionales en el último año. El balance difundido por el área municipal de Movilidad sitúa el incremento en 939.627 pasajeros respecto al ejercicio anterior, un avance del 5,8% que consolida la tendencia ascendente desde la implantación de la gratuidad para usuarios frecuentes.
En términos de volumen, entre enero y septiembre de 2025 se contabilizaron 12.781.519 viajeros, 698.690 más que en el mismo periodo de 2024, con subidas destacadas en distritos como Centro-Ifara, donde el crecimiento interanual alcanzó el 14,5% en esos nueve primeros meses.
El fenómeno no se limita a la capital. En el ámbito insular, el Cabildo de Tenerife ha estimado que 2024 cerró con más de 80 millones de pasajeros en guaguas, frente a los 48,1 millones de 2022 (antes de la gratuidad) y los 69,4 millones de 2023.
Ese recorrido supone un incremento acumulado del 66% desde 2022 y un salto de 31,9 millones de viajeros en dos años. A la vez, el transporte de alta capacidad también registra máximos: Metrotenerife comunicó en 2024 que el tranvía alcanzó 25.041.194 validaciones interanuales, superando el umbral de los 25 millones de pasajeros al año.
¿Cómo no iba a funcionar?
Estaba claro que era una iniciativa que no iba tardar en carburar. El primer motor es evidente: cuando el coste del billete deja de ser una barrera, se acelera el trasvase desde el coche.
Pero la gratuidad no opera sola. En Santa Cruz, el Ayuntamiento vincula el crecimiento a un “sobreesfuerzo” de líneas, horarios y frecuencias, y a una inversión anual que supera los 13 millones de euros en el servicio urbano, con refuerzos específicos en fines de semana y festivos hacia destinos de alta demanda.
En paralelo, el Cabildo sostiene que la política de movilidad busca descongestionar vías en una isla con millones de desplazamientos diarios y una elevada dependencia del vehículo privado.
El balance positivo incluye tres impactos. Primero, el social: el transporte gratuito para usuarios frecuentes reduce gasto en movilidad para trabajadores, estudiantes y familias, y mejora el acceso a empleo y servicios públicos.
Segundo, el territorial: una red más usada permite justificar refuerzos y lanzaraderas, conectando mejor áreas periféricas y polos como hospitales o campus. Tercero, el ambiental: si parte del crecimiento implica sustitución real de trayectos en coche, el sistema contribuye a rebajar emisiones y a suavizar los cuellos de botella en horas punta.
También hay contras
Por otra parte, más viajeros exigen más flota, más conductores y más mantenimiento, y eso no se construye de un trimestre a otro. El Cabildo ha explicitado que la gratuidad tiene un coste elevado en Canarias: 140 millones de euros anuales, con una aportación estatal de 81 millones (alrededor del 58%) y el resto asumido por los cabildos.
En Tenerife, la respuesta prevista incluye renovar y ampliar flota (con la incorporación de nuevas guaguas) y contratar personal para sostener frecuencias. Si esas inversiones no llegan a tiempo, el aumento de demanda puede traducirse en saturación, pérdida de puntualidad y deterioro de la experiencia del usuario.
Además, casi lo más importante, si el sistema se acostumbra a un nivel de demanda ligado a la gratuidad, cualquier cambio en la financiación puede generar un retroceso brusco o una percepción de empeoramiento si vuelven tarifas y la consecuente reacción negativa de la sociedad.
Habrá que ver cuánto dura y cómo los gestionarán entonces los usuarios. ¿Volverán al coche?







