El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado de forma tajante el fin de cualquier envío de crudo o apoyo financiero desde Venezuela hacia Cuba. A través de un mensaje directo y sin concesiones, el mandatario ha instado a La Habana a alcanzar un acuerdo con Washington antes de que sea demasiado tarde, sentenciando que, a partir de ahora, el flujo de recursos será cero.
Esta decisión se produce tras la reciente intervención militar estadounidense en Caracas, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y el desmantelamiento de la estructura de seguridad que, según la Casa Blanca, era sostenida por agentes cubanos. Trump ha asegurado que Venezuela ya no necesita extorsionadores ni matones porque ahora cuenta con la protección del ejército más poderoso del mundo, el de Estados Unidos.
La medida supone un golpe de gracia para la supervivencia del modelo económico cubano. Durante más de dos décadas, el intercambio de crudo por servicios profesionales ha sido el pulmón que mantenía operativa la maltrecha infraestructura de la isla. Con el control de los activos de PDVSA ahora bajo la órbita de los intereses de Washington y un nuevo gobierno interino en Venezuela negociando suministros directos a Estados Unidos, Cuba se queda sin su principal proveedor energético.
El tono del presidente estadounidense no ha dejado lugar a dudas sobre sus intenciones. Al sugerir que Cuba debería negociar un trato con celeridad, Trump parece estar forzando un cambio de régimen o una apertura política total ante la amenaza de un colapso económico inminente. El mandatario incluso ha llegado a ironizar en redes sociales con la posibilidad de que el secretario de Estado, Marco Rubio, asuma un papel protagonista en el futuro de la isla, afirmando que la economía cubana está ya a punto de caer.
Desde La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel ha respondido con un mensaje de resistencia, calificando a Estados Unidos de criminal y asegurando que Cuba no aceptará imposiciones extranjeras. Sin embargo, con el suministro de combustible cortado y una crisis eléctrica que ya provoca apagones diarios, la capacidad de maniobra del gobierno cubano se encuentra en su momento más crítico desde el Periodo Especial.







