La capital de Venezuela se ha despertado este sábado, 3 de enero de 2026, sacudida por una serie de fuertes explosiones y el ruido persistente de aeronaves militares a baja altura. Según los informes recabados, desde la madrugada al menos siete detonaciones de gran magnitud han impactado en puntos estratégicos de la ciudad, incluyendo las inmediaciones de Fuerte Tiuna y la base aérea de La Carlota. El pánico se ha extendido rápidamente entre la población civil, que ha compartido a través de las redes sociales vídeos de los destellos y el sobrevuelo de helicópteros y cazas.
La situación se produce tras meses de una escalada bélica sin precedentes entre la administración de Donald Trump y el gobierno de Nicolás Maduro. Aunque la autoría de los ataques no ha sido confirmada oficialmente por el Pentágono, el despliegue de la flota estadounidense en el Caribe y las recientes declaraciones del mandatario norteamericano sobre ataques contra infraestructuras logísticas apuntan a una operación militar en curso. La Administración Federal de Aviación (FAA) ha emitido de urgencia una prohibición de vuelo sobre el espacio aéreo venezolano, reforzando la tesis de una intervención armada externa.
En una respuesta inmediata, el Ejecutivo de Nicolás Maduro ha declarado el estado de conmoción interior en todo el territorio nacional. Las autoridades venezolanas han denunciado los hechos como bombardeos selectivos dirigidos a descabezar el sistema defensivo del país y han hecho un llamamiento a la población para iniciar lo que denominan una lucha armada en defensa de la soberanía. Los informes locales indican que los ataques también se habrían extendido a otras regiones como La Guaira, Maracay e Higuerote, afectando a puertos y aeropuertos clave.
Los disturbios en las calles han comenzado a registrarse en diversos sectores de Caracas, donde la población se debate entre el temor a una guerra abierta y la incertidumbre política. Mientras en algunas zonas se han escuchado caceroladas de protesta, en otras se han reportado enfrentamientos aislados entre grupos de civiles y fuerzas de seguridad. La falta de información oficial precisa ha alimentado un clima de tensión máxima, con cortes intermitentes en las comunicaciones y una vigilancia extrema en los alrededores de los edificios gubernamentales.
A esta hora, los periodistas sobre el terreno confirman que la presencia militar en la capital es absoluta. Las calles principales han sido cortadas y se recomienda a los ciudadanos permanecer en sus hogares ante la posibilidad de nuevas oleadas de ataques o el estallido de disturbios generalizados. El destino político de Venezuela parece entrar hoy en su fase más crítica y violenta de la última década.







