El espectáculo y la disparidad técnica se han citado este domingo en el Coca-Cola Arena de Dubái para reeditar la mítica «Batalla de los Sexos». En un duelo que ha generado tanta expectación como revuelo, el australiano Nick Kyrgios se ha impuesto a la actual número uno del mundo, la bielorrusa Aryna Sabalenka, por un doble 6-3 en poco más de una hora de juego. El encuentro, marcado por un ambiente festivo y distendido, ha dejado claro que la distancia competitiva entre ambos circuitos sigue siendo insalvable, incluso con reglas diseñadas específicamente para equilibrar la balanza.
Para intentar dotar de emoción al choque, la organización introdujo modificaciones sustanciales en el reglamento. Sabalenka jugó en una pista un 9% más pequeña que la de su rival y ambos tenistas contaron con un único servicio por punto, eliminando el segundo saque. A pesar de estas ventajas y de que Kyrgios ocupa actualmente el puesto 671 del ranking tras un calvario de lesiones, el talento natural y la potencia del australiano fueron suficientes para decantar el partido sin excesivos alardes.
El duelo comenzó con un Kyrgios muy sólido que, pese a jugar a medio gas, supo castigar las dificultades de Sabalenka con el servicio único. La bielorrusa, aunque intentó responder con sus característicos golpes profundos, cometió demasiados errores al no poder arriesgar con el saque. Tras adjudicarse la primera manga, el australiano vio cómo Sabalenka reaccionaba en el segundo set, llegando a ponerse con un prometedor 3-1 a su favor. Fue el momento de mayor comunión con el público, con la Tigresa de Minsk bailando incluso «La Macarena» durante un tiempo muerto, pero la remontada fue un espejismo y Kyrgios encadenó cinco juegos seguidos para cerrar el partido.
Más allá del resultado, ambos protagonistas destacaron el valor del evento como herramienta de promoción para el tenis. Kyrgios, visiblemente sudado y con síntomas de falta de ritmo competitivo, elogió la valentía de Sabalenka por aceptar el reto, calificándola como una campeona increíble. Por su parte, la bielorrusa se mostró satisfecha con la experiencia, asegurando que le servirá de preparación para el inminente Abierto de Australia, donde defenderá su corona en apenas unas semanas. La Batalla de los Sexos de 2025 queda así como un paréntesis de entretenimiento en el calendario, confirmando que, en el tenis moderno, el espectáculo a veces pesa más que la pura competición.







