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jueves, 15 enero,2026

Vertidos y basura en Tenerife en 2025: avances en tierra, asignaturas pendientes en el mar

En 2025 Tenerife ha vivido un año de claroscuros en materia ambiental. Mientras la gestión de residuos en tierra ha dado un salto importante, con inversiones récord y una reducción notable de lo que se entierra en el vertedero de Arico, el estado de los vertidos al mar sigue siendo uno de los principales talones de Aquiles de la isla y una fuente constante de preocupación ciudadana.

Según el último censo autonómico de vertidos tierra-mar, Canarias registra 403 puntos de vertido, de los cuales 361 están activos. De ellos, 216 –más de la mitad– carecen aún de autorización en vigor o se encuentran en tramitación, lo que evidencia un retraso estructural en la adaptación a las exigencias ambientales.

Tenerife concentra 180 de esos puntos, la cifra más alta del archipiélago, por delante de Gran Canaria. Buena parte están vinculados a la red de saneamiento urbano y a emisarios submarinos que, en demasiados casos, siguen vertiendo aguas insuficientemente depuradas o sin la garantía administrativa necesaria. El resultado se traduce en episodios recurrentes de cierres preventivos de zonas de baño y en una sensación de vulnerabilidad en la población costera.

Playa Jardín, en Puerto de la Cruz, se ha convertido en símbolo de este problema: ha encadenado largos periodos de clausura por contaminación fecal hasta su reapertura en 2025, tras la puesta en marcha de una estación depuradora y de un emisario renovado. El caso ilustra bien la paradoja del modelo actual: las soluciones llegan, pero lo hacen tarde y tras años de incumplimientos acumulados.

Depuración

El balance de 2025 confirma que la isla está acelerando las inversiones en saneamiento y depuración, con nuevas infraestructuras en el norte y el suroeste y la mejora de varias estaciones depuradoras urbanas. El objetivo es claro: reducir de manera drástica la presión sobre el litoral y evitar sanciones europeas por incumplir las directivas de aguas residuales urbanas.

Sin embargo, la fotografía a final de año sigue siendo la de una red fragmentada, con muchos núcleos que aún dependen de sistemas obsoletos o directamente de vertidos casi en bruto. La compleja orografía, la dispersión de la población y años de infrafinanciación explican parte del retraso, pero no lo justifican del todo: en 2025 han vuelto a escucharse críticas por la demora en algunos proyectos clave y por la falta de información clara sobre la calidad del agua de baño en determinadas zonas.

La mejora de la depuración, en definitiva, ha empezado a notarse en puntos concretos, pero está lejos de ser homogénea en toda la isla. El reto para 2026 será que los grandes proyectos hidráulicos en marcha se traduzcan en una caída real y visible del número de vertidos irregulares y de los cierres de playas.

Menos vertederos y más recuperación

En el capítulo de residuos, el balance es sensiblemente mejor. El Cabildo ha presentado en 2025 unas cifras inéditas en el Complejo Ambiental de Tenerife, en Arico, tras una inversión superior a los 60 millones de euros en modernización de plantas, nueva maquinaria e innovación.

Gracias a estas actuaciones, la planta de tratamiento mecánico ha incrementado en torno a un 50% la recuperación de materiales respecto a 2023 y se prevé más que duplicarla a finales de 2025. Este cambio ha permitido evitar el vertido de más de 63.000 toneladas de residuos y reducir en torno a un tercio la cantidad que termina enterrándose. La ampliación de la planta biológica, la mejora del tratamiento de la fracción orgánica y la renovación de la flota de recogida refuerzan esa línea de avance.

También crece el uso de los puntos limpios y campañas de educación ambiental, y se está reforzando la separación en origen, especialmente en envases y papel-cartón. Son pasos necesarios para acercarse a los objetivos europeos, que exigen reciclar la mayoría de los residuos municipales y limitar al máximo el vertido en celda.

No obstante, la foto final de 2025 sigue mostrando que una parte muy importante de la basura de Tenerife acaba aún en el vertedero y que la recogida selectiva dista de ser generalizada. La isla mejora, pero parte de una situación de claro atraso.

Un año de contrastes

El año 2025 deja, por tanto, un doble mensaje. En tierra, Tenerife ha empezado a corregir un modelo de gestión de residuos que era insostenible, con más inversión, más recuperación de materiales y menos dependencia del vertedero de Arico. En el mar, en cambio, la isla continúa asumiendo el coste de décadas de retrasos en saneamiento y depuración, con demasiados puntos de vertido sin regularizar y un litoral que todavía sufre las consecuencias.

La agenda para 2026 pasa por consolidar las mejoras en residuos, extender la recogida separada a más municipios y acelerar, sin excusas, la eliminación de vertidos irregulares. Solo así la isla podrá dejar atrás la imagen de “paraíso con aguas sucias” y avanzar hacia un modelo ambiental coherente con la sensibilidad social y con el peso del turismo en su economía.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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