El presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, ha confirmado oficialmente que el sistema de misiles balísticos hipersónicos Oreshnik, cedido por el Kremlin, ya se encuentra desplegado en su territorio y operativo para su uso militar. «Lo tenemos desde ayer miércoles y ya se encuentra en servicio de combate», aseguró el mandatario durante su discurso anual ante el pueblo y el Parlamento.
Este movimiento cumple la promesa realizada por Vladimir Putin a finales de 2024 de dotar a su principal aliado de capacidades de disuasión de última generación. El Oreshnik es un misil de alcance medio, capaz de portar cabezas nucleares y diseñado para sortear cualquier sistema de defensa antiaérea actual gracias a su velocidad hipersónica. Según Lukashenko, las primeras posiciones de lanzamiento ya están equipadas, lo que refuerza significativamente el poderío militar de la Unión Estatal Rusia-Bielorrusia frente a lo que Minsk califica como una «retórica destructiva» de la OTAN.
El despliegue no es solo un hito técnico, sino un potente mensaje geopolítico. Aunque el «botón rojo» para el uso de armamento nuclear sigue bajo el control último de Moscú, Lukashenko ha insistido en que la elección de los objetivos en territorio enemigo será competencia de los dirigentes político-militares bielorrusos. En su intervención, el líder bielorruso encuadró la llegada de los misiles como una medida de «disuasión estratégica» necesaria ante el deterioro de la seguridad en la región tras el estallido de la guerra en Ucrania.
La comunidad internacional observa con preocupación este paso, que se suma al despliegue de armas nucleares tácticas rusas en suelo bielorruso iniciado el año pasado. Con la puesta en servicio del Oreshnik, Bielorrusia consolida su papel como plataforma avanzada de Moscú en el corazón de Europa, elevando el riesgo de una escalada en un momento en que los intentos diplomáticos para detener el conflicto siguen estancados.







