Según el anuario Alimentación en España 2025 de Mercasa, el gasto medio en alimentación por persona y año en Canarias se sitúa en 1.756,1 euros, un 1,7% menos que la media nacional. De esa cantidad, un 16,8% se destina a carne y productos cárnicos, un 8,4% a productos pesqueros, un 10,4% a frutas y un 10,8% a derivados lácteos, entre las partidas más relevantes.
Sobre el papel, el dato podría sugerir que aquí “se vive mejor” también a la hora de llenar la nevera. Pero basta entrar en cualquier supermercado del Archipiélago para notar la contradicción: consumidores que se quejan del precio de la fruta, del pescado o de la carne y una sensación generalizada de que la cesta se ha disparado.
No es solo una percepción. En los últimos cinco años, el precio de la cesta de la compra en Canarias ha subido alrededor de un 32%, con fuertes incrementos en huevos, café, fruta fresca o carne de vacuno.
Menos dinero disponible
La clave está en los ingresos. Canarias arrastra desde hace años salarios más bajos que la media española y mayores tasas de pobreza y precariedad laboral. Eso significa que, aunque los precios suban, muchas familias simplemente no pueden acompañar esas subidas con más gasto así que ajustan el carro de la compra.
Ese ajuste no siempre se ve en grandes gestos, sino en pequeños cambios como comprar menos cantidad del producto caro (carne, pescado, fruta de temporada encarecida) y sustituir alimentos frescos por opciones más baratas o procesadas. Además se reduce la variedad, se renuncia a ciertos caprichos y se pasa a marcas blancas de forma casi sistemática.
El resultado es que el gasto total por persona puede quedarse por debajo de la media nacional… aunque los precios unitarios (lo que cuesta cada kilo, litro o paquete) estén igual o por encima que en muchas zonas de la Península.
Vamos, que se paga caro y por eso se compra menos.
La insularidad
Canarias importa una parte muy significativa de los alimentos que consume, desde cereales para pienso hasta fruta, carne o lácteos. Cada producto que llega en barco arrastra costes añadidos: transporte marítimo, combustible, seguros, manipulación en puertos, almacenaje, distribución interna…
Durante la crisis logística de la pospandemia, el coste de los contenedores y los fletes se disparó. Muchos de esos sobrecostes no han vuelto del todo al punto de partida y, en un mercado pequeño como el canario, con menos competencia y menor volumen, se nota más. Los márgenes para “absorber” subidas son menores, y parte del incremento termina en la etiqueta del supermercado.
Al mismo tiempo, la producción local no atraviesa su mejor momento: aumento de costes, presión urbanística, falta de relevo generacional y, en algunos casos, plagas o problemas fitosanitarios.
Entre 2014 y 2024, por ejemplo, la superficie cultivada de papa en Canarias cayó de unas 5.000 a 3.500 hectáreas. Menos producción propia significa más dependencia de lo que llega de fuera y más exposición a los vaivenes de precios globales.
Otro factor que ayuda a entender la paradoja es la estructura comercial. En Canarias hay menos grandes plataformas logísticas y menos competencia efectiva que en muchas áreas metropolitanas de la Península. El margen para guerras de precios es menor, especialmente en islas no capitalinas o zonas alejadas.
Además, la propia geografía interna encarece la distribución. No es lo mismo abastecer un gran núcleo de población en la meseta que repartir mercancía entre islas y, dentro de cada isla, entre zonas turísticas, rurales y barrios dispersos.
Todo eso configura un escenario en el que los precios tienden a estar tensionados, sobre todo en frescos, hay menos oferta “low cost” de gran formato que permita abaratar radicalmente la cesta y los márgenes de ahorro entre un supermercado y otro, aunque existen, no siempre son tan amplios como al otro lado del Atlántico.
El turismo y la doble realidad en los lineales
Aunque los datos de Mercasa se refieren al consumo en hogares, no al canal hotelero y de restauración, el peso del turismo también influye indirectamente. Zonas donde el turismo internacional es dominante suelen atraer productos de gama más alta y precios adaptados a bolsillos de fuera.
Eso convive con la compra diaria de los residentes, que se encuentran en los mismos lineales aguacates a casi 7,5 euros/kg o kiwis a más de 9 euros/kg en algunos puntos, cifras recogidas por los comerciantes en Tenerife y difundidas por la prensa local. El turista ocasional puede asumir ese precio dentro de unas vacaciones; la familia que llena la nevera cada semana, no.
¿Qué se puede hacer?
Por su parte, entre las medidas que distintos expertos y organizaciones vienen reclamando destacan el aplicar de manera más efectiva la Ley de la Cadena Alimentaria, para que los agricultores no vendan por debajo de costes y los márgenes se repartan de forma más justa y reforzar el apoyo a la producción local, no solo con ayudas puntuales, sino con planificación a medio plazo (agua, suelo agrícola, relevo generacional);
También revisar los costes logísticos y las ayudas al transporte para garantizar que el beneficio de esas subvenciones se traslada realmente al consumidor final y mejorar la información y la transparencia sobre cómo se forma el precio desde el campo hasta la caja del supermercado.
Mientras tanto, los datos seguirán dibujando esa dicotomía. Canarias gasta algo menos por persona en alimentación que la media de España, pero para muchos hogares llenar el carro se ha convertido en un ejercicio de malabarismo constante.
Cuando los precios suben más rápido que los salarios, la estadística dice que gastas poco… pero tu bolsillo siente exactamente lo contrario.





