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sábado, 17 enero,2026

El gobierno y sus socios boicotean la Vuelta

Madrid se convirtió este domingo en un escenario de caos y tensión al frustrarse la última etapa de la Vuelta Ciclista a España. Lo que debía ser una fiesta deportiva en el corazón de la capital se transformó en un campo de batalla entre manifestantes propalestinos y la Policía. Las calles que iban a acoger el paseo triunfal del pelotón, desde Atocha hasta Cibeles y la Gran Vía, quedaron bloqueadas por grupos que reclamaban el fin de la guerra en Gaza y la salida del equipo Israel-Premier Tech de la competición. Vallas por el suelo, contenedores movidos para cortar el tráfico, gritos y enfrentamientos con los antidisturbios terminaron de dibujar una imagen que pasará a la historia de la Vuelta no por el esfuerzo de los ciclistas, sino por la suspensión de su etapa final a más de cincuenta kilómetros de la meta. El príncipe Alberto de Mónaco, invitado en la zona VIP, se marchó sin ver el desenlace, mientras la organización se veía obligada a dar por concluida una edición marcada por un boicot inesperado.

La tensión en la calle se trasladó de inmediato al terreno político. Lejos de condenar lo ocurrido, algunas de las principales figuras del Gobierno y de la izquierda no dudaron en ensalzar la protesta. Pedro Sánchez habló de “admiración” hacia los manifestantes, convencido de que su acción representaba un ejemplo de compromiso democrático. Yolanda Díaz fue aún más lejos y calificó a la ciudadanía movilizada como un “ejemplo de dignidad”, mientras que Ione Belarra e Irene Montero celebraron la suspensión de la etapa como una victoria del pueblo frente a lo que ellas consideran un genocidio. El socialista Óscar López sostuvo que el boicot no dañaba la imagen de España, sino que “hablaba bien del pueblo de Madrid”, un argumento difícil de sostener cuando las imágenes de la Gran Vía mostraban cargas policiales, turistas huyendo del centro y ciclistas desconcertados al bajarse de sus bicicletas.

El contraste entre la dimensión internacional de la Vuelta y la exaltación política del boicot no puede ser más evidente. El deporte, que debería ser espacio de neutralidad y encuentro, quedó atrapado en un conflicto que va mucho más allá de los límites de la competición. La solidaridad con Palestina es legítima y mueve a miles de personas, pero otra cosa es convertir un evento deportivo seguido en todo el mundo en escenario de enfrentamientos, destrozos y deslegitimación institucional. La suspensión de la carrera no solo perjudica a ciclistas y aficionados, sino que proyecta una imagen de España como país incapaz de garantizar la seguridad de sus grandes citas. Y lo más llamativo es que desde el propio Gobierno se haya aplaudido el sabotaje en lugar de rechazar la violencia y defender la convivencia de derechos: el de manifestarse y el de disfrutar de un acontecimiento deportivo en paz.

Hoy, el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Saar, ha criticado al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por «animar» a los manifestantes propalestinos a boicotear la última etapa de la Vuelta Ciclista a España 2025, calificando la decisión como una «vergüenza» para España.

«Hace unos días, el presidente del Gobierno español lamentó no disponer de una bomba atómica para frenar a Israel. Hoy, alentó a los manifestantes a salir a la calle», escribió Saar en su cuenta de X.

El ministro israelí afirmó que «la turba propalestina escuchó los mensajes incitadores y atacó la Vuelta». «Se ha cancelado un evento deportivo que siempre fue motivo de orgullo para España. Sánchez y su Gobierno: ¡vergüenza para España!», concluyó.

Lo ocurrido en Madrid abre una reflexión incómoda. ¿Hasta qué punto se puede aplaudir un boicot que arruina un evento internacional y pone en riesgo a deportistas, vecinos y visitantes? ¿Es un ejercicio de dignidad o una irresponsabilidad alentada desde las instituciones? La causa palestina merece atención y respeto, pero cuando la política se mezcla con el deporte de manera tan abrupta y sin límites, el resultado es un país dividido, una ciudad sitiada y un espectáculo manchado para siempre. La Vuelta a España terminó este año antes de tiempo, no en la meta de Cibeles, sino en las grietas de un discurso político que confunde solidaridad con justificación del desorden.

Por cierto, fue Jonas Vingegaard quien ganó la Vuelta a España 2025.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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