Hoy vamos con una novela de misterio. El jefe de la UDEF, que es la unidad contra la delincuencia económica de Madrid, no sólo tenía 20 millones de euros emparedados en sus chalets de Villalbina y Denia, sino que había invertido otros 17 millones en criptomonedas, a través de empresas radicadas en Dubai, que no se pueden rastrear. Es decir que los tendrá para siempre, esté en el talego o sentado en la plaza de su pueblo. Y eso que creo que lo llamaban El Soso, mejor que lo hubieran apodado El Mosquita Muerta, porque vaya prenda, el tío. Ahora bien, me pregunto yo que si Asuntos Internos lo vigilaba desde el 2022, estamos en el 2024, ¿dos años para trincarlo? Su ligazón con la mafia de los Balcanes (que traficó con 13 toneladas de cocaína), a la que le daba los correspondientes soplos, era más que evidente, parece. Sigo sin explicarme por qué no fue detenido mucho antes. A lo mejor esperaban los sabuesos a rastrearle las criptomonedas, pero eso, una vez que se empaquetan electrónicamente en los monederos de baquelita, se acabó. Van a una caja fuerte y de ahí no se mueven jamás y aumentan constantemente su valor. Y más ahora, con Trump. A lo mejor los 17 millones de Oscarito se han convertido ya en treinta o en cuarenta, luego da igual que los sabuesos hayan metido en bolsas y entregados a la superioridad, para su custodia, hasta los billetes que estaban guardados en la caseta del perro del poli malo. Al entramado societario de Dubai no acceden ya ni por el forro.
Les conmino a que vean uno de los capítulos de FBI Internacional, en la tele de pago, en donde se habla de las criptomonedas y de los embalajes de baquelita, más pequeños que un teléfono móvil, como un mechero Dupont, que se guardan en cajas blindadas en Suiza (aunque los suizos se han vuelto un poco chivatines) y en Dubai (donde los dubaitíes son bastante más discretos y menos parlanchines con los jueces extranjeros. Mejor dicho, nada parlanchines con los jueces extranjeros). Así que el poli malo disfrutará toda la vida del dinero encriptado, producto de las dádivas de los narcos, que no es dinero público, pero sí un cohecho como una casa. Lo disfrutarán sus herederos, digo yo, porque mientras permanezca en la mazmorra el jefe de la UDEF sólo dispondrá de un pijama a rayas, un cepillo de dientes y un jabón. Pero me sigue intrigando cómo El Soso se confió, no notó que lo seguían los de Asuntos Internos y no sospechó nada y continuaba emparedando billetes, tongas de billetes, y lavando dinero sin tino. Aunque no le daba tiempo de hacerlo del todo y por eso acudió a las criptomonedas y a otras argucias. En total, que se sepa, 37 millones de euros (17 en criptomonedas y 20 en efectivo), que ahora serán muchos más por cómo está subiendo el mercado. ¿Ven? Ya tienen el argumento para una serie de televisión, así que animo a los guionistas a que hablen con don Óscar S.G. y le toquen el rock de la prisión, a ver si él también canta. Por soleares.







